Hamilton y Sech estrenaron «Arroz con Huevo», una colaboración que junta al cantante cartagenero con una de las figuras más reconocidas del urbano panameño. El tema se apoya en una base de afrobeats y música urbana, con una letra que pasa por el romanticismo, el deseo y la fiesta.
El estreno tiene detrás una historia musical compartida. Mucho antes de que el reguetón se consolidara como industria global, Panamá ya cantaba en español sobre ritmos llegados del reggae y el dancehall jamaiquino. Ese desarrollo se conoció como reggae en español y también como plena, y los estudios sobre la música popular del país suelen ubicar uno de sus puntos de partida a mediados de los años ochenta, cuando varios artistas locales empezaron a adaptar esos sonidos.
Por esa primera etapa pasaron nombres como Renato, Nando Boom y El General. Después llegaron El Roockie, Kafu Banton, Japanese y Danger Man, que llevaron la plena hacia terrenos románticos, callejeros y más pegados al dancehall. Más recientemente, Dubosky mantuvo viva la tradición dentro de una escena urbana que ya convivía sin problema con el reguetón, el rap y otros sonidos del Caribe.
Un sonido que viajó en las dos direcciones
Lo que ocurrió en Panamá no fue un fenómeno aislado. Cartagena, Barranquilla y otras ciudades del Caribe colombiano nunca construyeron su identidad musical mirando solo hacia el interior del país: históricamente han estado conectadas con circuitos que pasan por Panamá, Jamaica y otras islas del Caribe. En Cartagena, esa apertura se escucha en la champeta, nacida de grabaciones africanas y caribeñas que circularon por los picós y terminaron convertidas en un lenguaje propio.
Por eso resulta más preciso hablar de una región donde los sonidos viajaron en ambos sentidos que de una influencia lineal en la que Panamá produce y Colombia copia. La plena panameña, el reggae en español, el dancehall, la champeta y luego el reguetón compartieron espacios de fiesta y circulación cultural. A esa conexión se suma una historia afrodescendiente que ha usado la música como celebración, memoria y relato de la vida cotidiana.
Dentro de esa tradición, El Roockie, nacido en El Chorrillo, armó una carrera donde caben el dancehall, la narrativa romántica y las historias de calle. Danger Man, en cambio, quedó asociado a la vertiente más cruda del reggae panameño, con canciones sobre barrios, conflictos y códigos del «ghetto» que lo volvieron una referencia de finales de los noventa y comienzos de los 2000.
Décadas después, Sech llevó esa herencia a una nueva generación del urbano latino. Su propuesta ya no suena como la plena de los noventa: hay reguetón, R&B, dancehall y melodías pop. «Estoy orgulloso de mis raíces», dijo el artista en una entrevista con People en Español, en la que contó que su sonido nació de una mezcla entre dancehall, reguetón y R&B, siempre atravesada por lo que escuchaba mientras crecía en Río Abajo.
Del lado colombiano, Hamilton viene de Cartagena y se crio en Chapacua. Su música mezcla afrobeats, dancehall y urbano con referencias de su propia ciudad. La BMI lo describe como uno de los artistas que hoy lleva la cultura afrocaribeña de Cartagena hacia la escena latina internacional, y él ha definido su propuesta como una «construcción y evolución de muchos sonidos».
«Arroz con Huevo» toma el nombre de uno de los platos más comunes de la memoria doméstica colombiana. Hamilton lo usa como metáfora de una relación que se siente igual de natural: sencilla, cercana y difícil de rechazar. El resultado es una canción ligera en la superficie, pero con un fondo que conecta a un artista afrodescendiente nacido en Cartagena con uno de los nombres más reconocidos que Panamá ha dado al urbano contemporáneo.