¿Es posible que un hombre sienta ganas de llorar y no lo haga por temor a lo que piensen los demás? Según la psicóloga argentina Marina Mamoliti, eso ocurre con frecuencia y las consecuencias para la salud mental son serias.
Mamoliti señaló que se observa un avance positivo: los hombres están más abiertos a expresar lo que sienten, a confesar si están tristes y a llorar cuando lo necesitan. Sin embargo, advirtió que persiste un mandato cultural profundamente arraigado que impone la contención del dolor.
El costo de reprimir las lágrimas
«Los hombres son seres humanos y, como tales, sienten absolutamente todas las emociones en la misma dimensión», explicó la especialista. A pesar de esta realidad biológica y psicológica, la costumbre de ocultar la vulnerabilidad provoca un fenómeno perjudicial para el bienestar.
Cuando un hombre reprime sus lágrimas o calla su tristeza por temor a desentonar con los mandatos de masculinidad, la consecuencia directa es la acumulación de un malestar constante. Mamoliti señaló que negar la tristeza no evita la vivencia del dolor, sino que impide procesar lo que sucede internamente.
Un dato que conecta con las estadísticas de suicidio
Las secuelas de mantener el tabú sobre la salud mental masculina no se limitan al plano emocional. Mamoliti compartió un dato central: la mayoría de las personas que se quitan la vida son hombres.
Esta cifra, explicó, está directamente relacionada con la imposibilidad o la barrera cultural que experimentan los hombres para buscar auxilio en momentos críticos. La falta de hábito para verbalizar frases como «esto me duele» dificulta la intervención oportuna de profesionales o redes cercanas.
La especialista invitó a examinar lo que ocurre en los entornos reales y planteó la necesidad de preguntarse si, en los grupos de amigos hombres, existe la confianza para llorar o admitir un dolor profundo. Aunque existe el discurso de que hoy los hombres son más libres de expresarse, en la práctica diaria aún falta un largo trecho por recorrer para normalizar el llanto y la solicitud de ayuda sin prevenciones.