El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia el pasado 10 de agosto dejó cientos de municipios afectados y decenas de miles de viviendas destruidas. Pero más allá de las cifras que suelen encabezar el balance de un desastre, existe otra dimensión menos visible: el golpe sobre los servicios públicos.
Los desastres naturales se miden normalmente en viviendas destruidas, personas fallecidas o vías afectadas. El impacto sobre los servicios, en cambio, rara vez encabeza los balances, pese a ser determinante para la recuperación de una sociedad.
La ecuación es crítica: cuando los servicios públicos fallan, las comunidades tardan en recuperarse. Por eso se los considera la infraestructura invisible que sostiene la reconstrucción, un frente que gana peso en la discusión sobre el rumbo de la emergencia.