Una casona construida en 1927 en el barrio Prado de Medellín volvió a abrir sus puertas tras años de abandono. Es el Salón Prado, el nuevo epicentro gastronómico y cultural del Centro, que desde su apertura en mayo ya registra más de 15.000 visitas y es catalogado como el "proyecto ancla" de la recuperación del único barrio patrimonial de la ciudad.
El inmueble, de casi 1.800 metros cuadrados, fue conocido durante décadas como Casa Blanca. Hoy funciona como un espacio abierto que reúne galería de arte, museo, área de coworking, librería, café literario, restaurante de cocina colombiana, terraza, salón de vinilos, cervecería artesanal y salas para eventos corporativos.
Una restauración que destapó un siglo de capas
La intervención incluyó reforzamiento estructural, restauración arquitectónica y adecuación de espacios. Uno de los trabajos más laboriosos fue retirar 28 capas de pintura acumuladas durante casi un siglo, hasta llegar a los tonos rosa y verde que la fachada posiblemente tuvo originalmente, en sintonía con el concepto de "Ciudad Jardín" que inspiró al barrio.
Los trabajos también dejaron hallazgos. El más celebrado fue el baño de inmersión, que apareció después de tres semanas de excavación con sus baldosines originales intactos. Este tipo de espacios, símbolo de estatus entre las familias prominentes de comienzos del siglo XX, convivió en la casa con otros vestigios: puertas que no aparecían en los planos de la Fundación Ferrocarril de Antioquia, atanores de barro para conducir agua y cimientos de piedra.
La restauración comenzó a finales de 2023 y aún no termina: solo está habilitado cerca del 50 % del inmueble. Pese a los recientes movimientos sísmicos que ha atravesado la ciudad, la estructura ha demostrado la solidez de la construcción original.
El proyecto se ejecutó a través de la Agencia para la Gestión del Paisaje, el Patrimonio y las Alianzas Público-Privadas (Agencia APP) de la Alcaldía de Medellín y se financió completamente con capital privado. El empresario Jorge García, impulsor en 2016 de Mercados del Río, lidera la operación bajo un modelo de arrendamiento en el que un privado asume la restauración y la explotación comercial mientras el inmueble sigue siendo propiedad pública.
"Era un reto porque era la más deteriorada de todas las casas que vimos, pero era la única que era bien fiscal", contó García, quien analizó unas 23 propiedades del barrio durante la pandemia antes de elegir esta.
En su interior destaca el mural Ríos de Vida, del pintor y muralista antioqueño Ramón Vásquez, que engalana el salón principal. Sobre el estilo arquitectónico, García describe una construcción ecléctica: distribución típica de la Colonización Antioqueña, marcos republicanos, arcos arabescos, columnas y vitrales art déco, con una predominancia neo republicana y toques árabes.
La historia de la casa y la apuesta por Prado
El lote fue adquirido entre 1924 y 1925, apenas un año después del inicio del proceso urbanizador que dio origen a Prado, liderado por el industrial Ricardo Olano. La mansión se construyó en 1927 con un costo de 16.500 pesos de la época. En 1928 fue propiedad de la sociedad Ortiz y Compañía, que la compró a la familia Olano, dueña de la finca La Polka, sobre la que se levantó el barrio. Un año después la adquirió Abel Restrepo por 4.000 pesos, y en marzo de 1933 se la vendió por el mismo valor a Justo Pastor Arango Sánchez, dueño del Café Árabe, quien la habitó durante más de 40 años.
La casa ha tenido múltiples vidas: albergó colegios, familias y asociaciones religiosas. En 1995 recibió al Instituto Mi Río, transformación que la convirtió en bien fiscal del Distrito. Después ocuparon el inmueble varias dependencias de la Alcaldía, la última la Secretaría de Inclusión Social. Del lote original de cinco lotes solo se conservan los dos centrales, pues el esquinero está ocupado por un edificio y los posteriores por viviendas.
Para la Agencia APP, el proyecto puede abrir la puerta a nuevas inversiones en el barrio. Su director, Daniel Escobar, recordó que Prado tiene 265 bienes de interés cultural y 15 bienes fiscales —siete de ellos patrimoniales—, un inventario que ve como oportunidad para nuevos proyectos de ciudad, junto a iniciativas como el Hotel Roncari y la Casa Ángel.
"Que Salón Prado sea esa llamita", dijo Escobar, para quien la recuperación de esas casonas exige articular al Estado, la administración local y la comunidad. "Terminemos de encender esas luces que van a volver a traer a Prado a la vida".
Salón Prado funciona en el cruce de la calle Jorge Robledo con carrera Popayán, cerca de la estación Hospital del metro. Su apuesta es simple y ambiciosa: demostrar que recuperar una mansión no es solo salvar un inmueble, sino conseguir que un barrio entero vuelva a mirar hacia el futuro.