El escritor colombiano Carlos Alberto Montaño Mejía publica este año Cuentos Forajidos, su primer volumen de relatos cortos y microcuentos, después de una trayectoria construida principalmente en la poesía, con 12 libros publicados y un éxito previo como autor Best Seller en Amazon. El autor presenta la obra en la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín.
El giro es notable: el lirismo de su poesía cede espacio a una narrativa mordaz e irreverente. "Lo que quiero provocar es, primero que todo, entretener, divertir, como también crear algo de reflexión del mundo que nos rodea y de la profundidad de lo cotidiano", explica Montaño sobre la intención del libro, cuyo prólogo advierte que no promete consuelo, sino conciencia.
Forajidos por naturaleza
El título no es casual. Para el autor, sus relatos son forajidos porque "desvelan esa parte de la naturaleza humana en la que somos capaces de lo peor y a la vez tenemos la posibilidad de redimirnos, salvarnos o reírnos de nosotros mismos".
Ese mismo espíritu define su manera de entender a los personajes. "La moralidad es un constructo social; la ética es más profunda y humana", sostiene. "Más que buenos o malos, me interesan los personajes profundamente humanos, y los humanos somos tremendamente contradictorios".
El humor negro ocupa un lugar central en la obra, aunque Montaño lo aborda desde la transformación: "La irreverencia, lo mordaz y la sorpresa nos obligan a pensar diferente, a descubrir rincones del alma que nos asustan o nos duelen; de esas sombras suele surgir la transformación y, de paso, la luz".
Los cuentos que provocan risa y los que dejan callados
Entre los relatos que destaca, Muerto del Susto es el que considera más divertido, un cuento fantasioso donde lo imposible ocurre en el pensamiento y "nos regalan algo de consuelo". En el extremo opuesto, Alas rotas es la historia que puede dejar al lector callado: "una historia devastadora y con un final absolutamente sorprendente".
El amor atraviesa el libro, pero no como refugio. Puede aparecer como deseo, obsesión, redención, revancha, destino o condena. "Siempre he creído en el amor, pero no en el amor que posee, maltrata o manipula", aclara el autor, quien también reconoce la presencia del desamor y del olvido. Para los lectores de historias amorosas poco convencionales recomienda La Filmación —sobre la fidelidad y lo inesperado— y Cavilaciones de Amores de Siempre, que describe como "una declaración de amor comprometido".
Sobre lo inexplicable —presencias, milagros, señales y voces que aparecen en varios relatos—, Montaño responde con una doble identidad: "Creo que escribo desde la duda porque expreso gente de carne y hueso (…) Y para responder de otra manera: vivo desde la fe".
Del oficio poético al relato breve
Montaño estudió arte dramático, se licenció como actor, pasó brevemente por la Facultad de Derecho y llegó luego a Literatura. Cofundó la revista Cronopia: arte y literatura, integró el Richmond Writers Group y las tertulias de The Cornelia Street Café y el Nuyorican Poets Café en Nueva York, y participó en espacios literarios de Miami. Su poesía, dice, se nutre de más de dos décadas cantando en coros polifónicos.
La diferencia entre los dos géneros, explica, es de registro: "La poesía es un lenguaje espiritual y trascendente. En el caso de los cuentos, me permite narrar, dialogar y explorar las historias cotidianas de la vida, y no ser tan íntimo".
Para quienes aún dudan si leer el libro, el autor deja recomendaciones por estado de ánimo: El deseo de cumpleaños para una noche de insomnio, Bueno para nada para amantes del humor negro, Soy todo oídos para los despechados y El ateo para quien busca o cree en milagros. Y una frase de cierre: "Deja que la vida te sorprenda".