La inteligencia artificial puede apoyar a una empresa de moda a comprar mejor, organizar inventarios, crear contenido y explorar ideas de diseño. Pero, según Rosa Fernández-Velilla, de Prompt Couture, tener acceso a este tipo de herramientas deja de ser el diferenciador: el problema es cómo incorporarlas a los procesos reales del negocio.
Durante su intervención en el Colombia Fashion Summit 2026, la especialista planteó que herramientas como ChatGPT o Claude están disponibles para prácticamente cualquier empresa. La ventaja aparece cuando los equipos saben cómo incorporarlas a su trabajo.
Del tablero de compras al contenido visual
En las compras, la IA puede revisar cómo se comportó el negocio y proponer qué productos adquirir, qué reponer o cómo responder a desviaciones de ventas. La decisión, sin embargo, sigue en manos del comprador, quien conoce el negocio y debe interpretar la información.
Esa lógica aplica al inventario: soluciones construidas a medida permiten analizar datos y proponer planes de trabajo a partir de lo ocurrido en semanas anteriores y de lo que se espera en las siguientes. El objetivo es que los equipos pasen menos tiempo preparando tablas y más tiempo analizando.
En el terreno visual, Fernández-Velilla mostró cómo un mismo producto puede usarse para generar distintas propuestas gráficas para redes sociales, comercio electrónico o campañas, incluso antes de que exista una fotografía final del producto. Su planteamiento no es eliminar las producciones tradicionales, sino convivir: las editoriales profesionales y el contenido desarrollado con IA pueden coexistir.
Formación continua, el principal reto
La especialista invitó a las compañías a recuperar el tiempo que pierden en tareas repetitivas, como correos, hojas de cálculo y reuniones, y a redirigirlo al análisis y la toma de decisiones. Su experiencia abarca el trabajo con más de 50 marcas y empresas de distintos tamaños.
Para ella, la discusión no debería centrarse en qué herramienta comprar, sino en enseñar a los trabajadores a aplicarla en problemas concretos y hacerlo con continuidad, porque las herramientas cambian con rapidez. La pregunta deja de ser quién tiene acceso a la IA: el desafío es quién la incorpora sin perder lo que aún depende de las personas, desde el conocimiento del producto hasta la creatividad y la capacidad de contar historias.