La salida de un investigador de inteligencia artificial a mediados de septiembre volvió a encender la discusión sobre los riesgos de la tecnología, justo cuando la inversión corporativa mundial en el sector marcó US$581.700 millones en 2025, según el Índice de IA de la Universidad de Stanford.
Jacob Coxon dejó la empresa Anthropic y su renuncia se viralizó en redes sociales, no por el hecho en sí, sino por el mensaje que la acompañaba: la velocidad a la que avanza la IA podría representar un riesgo para la humanidad.
La discusión ya rebasó las paredes de Silicon Valley y escaló hasta los mercados, con una pregunta en el aire: ¿qué tan atada está la carrera por la IA con el comportamiento de la economía?
Un mercado de cientos de miles de millones
Las cifras dimensionan el crecimiento. En 2024 la inversión corporativa global en IA fue de US$252.300 millones; en 2025 llegó a US$581.700 millones, un salto de 130% que incluye fusiones y adquisiciones, participaciones minoritarias, inversión privada y ofertas públicas.
Del total del año pasado, el 60% correspondió a inversión privada, equivalente a US$344.660 millones. La IA generativa atrajo casi la mitad del financiamiento privado global destinado a la tecnología, con US$170.870 millones en el año.
Las apuestas empresariales son del tamaño del mercado: OpenAI captó US$40.000 millones en 2025, con lo que su valoración llegó a US$300.000 millones, mientras que Anthropic recaudó US$13.000 millones en su Serie F y alcanzó una valoración cercana a los US$183.000 millones. Los gigantes tecnológicos también aceleraron su gasto en centros de datos e infraestructura: Google reportó más de US$150.000 millones en capex anual el año pasado.
Las alertas sobre los riesgos se acumulan
El CEO de Anthropic, Dario Amodei, llamó a ralentizar el ritmo del desarrollo para garantizar su seguridad y propuso un plan de tres pasos: evaluadores externos que verifiquen el cumplimiento de las prácticas de seguridad, coordinación entre las compañías para fijar esos estándares y apoyo gubernamental para sortear reparos antimonopolio.
La postura fue respaldada por otros líderes de la industria, partidarios de bajar la velocidad para mitigar riesgos de ciberseguridad y de pérdida de control. En ese clima, OpenAI decidió posponer su debut en Wall Street: su director ejecutivo, Sam Altman, señaló que la industria aún tiene mucho por trabajar en materia de seguridad y alineación de sus modelos.
Las alarmas tienen sustento en los datos: los incidentes documentados de IA aumentaron de 233 en 2024 a 362 en 2025, y las investigaciones recientes han encontrado que mejorar una dimensión de la IA responsable, como la seguridad, puede afectar otra, como la precisión. La adopción, además, corre rápido: la IA generativa alcanzó el 53% de penetración poblacional en apenas tres años, superando la velocidad inicial de la computadora personal y de internet, y el 88% de las organizaciones encuestadas por Stanford ya la usa en al menos una función empresarial.
El eco en las bolsas
Los primeros reflejos se vieron en las acciones del sector: el Nasdaq 100 cayó 1,7% en las primeras negociaciones, arrastrado por el retroceso de la industria de chips, mientras el índice de chips de Filadelfia bajó 6%, con caídas de Nvidia (-3,5%), AMD (-5,6%) y Micron (-6,7%).
Para Jeisson Balaguera, ejecutivo de Values AAA Banca de Inversión, las variaciones no son tan significativas, pero las noticias sobre los riesgos de la IA podrían haber generado una reflexión entre los inversionistas. No se está abandonando la tecnología, anota, sino abriendo espacio para evaluar cuánto y durante cuánto tiempo las empresas seguirán destinando recursos a la infraestructura que exige desarrollarla y operarla.
“El impacto que la IA puede causar es alto y se espera que siga implementándose en empresas que están en proceso de crecimiento, ya que, sea del sector que sea, van a tener retos importantes en su implementación”, señaló Balaguera.
En Colombia el efecto también se siente. Ximena Duque, presidenta de la Federación Colombiana de Software y TI (Fedesoft), indicó que las empresas que aplican o prestan servicios con IA concentran el 60% de las ventas del sector de software y crecen 8 puntos porcentuales por encima del resto del gremio. A su juicio, la tecnología es un gran habilitador para acelerar negocios, obtener mejores datos y cerrar brechas de competitividad.
La carrera por desarrollar la IA sigue avanzando, pero ahora lo hace acompañada de otra discusión: cuánto capital exige, qué riesgos implica y si las compañías pueden convertir ese gasto en resultados y confiabilidad. Las decisiones de inversión hoy se cruzan por ambas cosas.