Los jóvenes de la Generación Z ya consumen alcohol a niveles casi iguales a los de la población adulta. Una nueva investigación de mercado de la firma IWSR, especializada en datos y análisis de bebidas alcohólicas, encontró que el 74 por ciento de esa cohorte bebe, frente al 76 por ciento de los adultos en general.
El salto es reciente: hace apenas tres años, la tasa de consumo entre los jóvenes era del 66 por ciento. Para los investigadores, los hallazgos sugieren que esta cohorte comenzó a alcanzar a las generaciones mayores, algo que ya ha empezado a llamar la atención del sector.
La encuesta incluyó a 32.000 personas en 19 países, entre ellos Estados Unidos, Canadá y Reino Unido, y comparó a los jóvenes con los millennials, la Generación X y los baby boomers. En la comparación, los millennials registran el mayor consumo, con un 81 por ciento, seguidos de la Generación X, con un 77 por ciento.
Pero más allá del volumen, lo que llamó la atención de los analistas son los hábitos: los jóvenes son más propensos a acatar los consejos de beber con moderación y, mientras otras generaciones se decantan por el whisky, la cerveza o el vino, ellos prefieren los cócteles con mayor frecuencia.
¿Por qué empiezan a beber más tarde?
Para los expertos del sector, buena parte de esta generación alcanzó la mayoría de edad durante la pandemia de covid-19, lo que retrasó su incursión en la cultura del licor. “Huelga decir que había dificultades para beber en aquel entonces. No salías porque no podías”, explicó Marten Lodewijks, presidente y director general de IWSR.
El bolsillo también pesaba. “Esto se debe a la continua incertidumbre económica, pero cada vez hay más indicios de que, donde los ingresos aumentan, el consumo de bebidas alcohólicas no crece al mismo ritmo”, argumentó el directivo.
La ecuación cambia ahora que los adultos de la Generación Z rondan los 30 años: es probable que tengan más ingresos disponibles para salir y compartir tiempo con amigos y familiares.
“Existía la idea generalizada de que la Generación Z era el colectivo perdido: no bebían. Resulta que eso no es cierto; simplemente empiezan a beber un poco más tarde que otras generaciones”, agregó Lodewijks.