Consuelo Araújo Noguera, conocida como La Cacica, comenzó a escribir para El Espectador el 27 de abril de 1968, con una columna dedicada al primer Festival de la Leyenda Vallenata. Aquel texto marcó el inicio de una relación de más de dos décadas con el diario y de una labor periodística que ayudó a contarle al país la historia musical y cultural del Cesar.
La columna apareció inicialmente bajo el nombre Carta desde Valledupar y llevó por título “El Festival Vallenato”. En menos de 850 palabras, Araújo explicó los vínculos del certamen con la leyenda de la Virgen del Rosario y con las tradiciones indígenas, africanas y españolas que confluyeron en el Valle de Upar.
Su planteamiento era que la Leyenda Vallenata debía ocupar el centro del evento, mientras el concurso de acordeoneros, las artesanías, el desfile de piloneras y las demás actividades funcionaban como expresiones complementarias. Para ella, el festival no era una ocurrencia pasajera, sino una celebración con identidad propia.
Pocos días después, en mayo de 1968, publicó una crónica sobre Alejo Durán en el Magazín Dominical. El texto presentó al músico no solo como ganador del primer festival, sino como un hombre formado entre el campo, los recuerdos familiares y una tradición musical que todavía estaba construyendo su lugar en la memoria del país.
El nombre Carta Vallenata apareció por primera vez el 25 de agosto de 1968, en una columna titulada “¡Nos quitaron el gobernador!”. Araújo se refirió allí a la salida de Alfonso López Michelsen de la Gobernación del Cesar para asumir la Cancillería durante el gobierno de Carlos Lleras Restrepo.
Desde entonces, la sección se convirtió en un espacio para hablar de músicos, juglares, tradiciones y conflictos regionales. También fue una ventana para mostrarle a Colombia un Cesar que buscaba ser reconocido más allá de sus parrandas y de sus figuras musicales.
Una cronista de la cultura vallenata
Araújo también trabajó como reportera y corresponsal de El Espectador. En las páginas del diario tomó forma parte del material que después daría lugar a sus libros Vallenatología y Escalona, el hombre y el mito.
En ese entorno recibió el apodo de La Cacica, asociado a la manera firme con la que dirigía las actividades del festival y supervisaba cada detalle. Su estilo, descrito como directo, mordaz y combativo, la convirtió en una voz reconocible dentro del periodismo cultural colombiano.
Consuelo Araújo fue gestora cultural, cofundadora del Festival de la Leyenda Vallenata y ministra de Cultura. Fue asesinada por las Farc el 30 de septiembre de 2001, en La Mina, Cesar, cuando tenía 61 años. Su hijo, Andrés Alfredo Molina Araújo, recordó su trayectoria y el lugar que ocupó en la historia del vallenato y del periodismo nacional.