La deshidratación infantil puede avanzar rápidamente durante los días de calor, sobre todo cuando los niños pasan varias horas jugando, montando bicicleta o practicando algún deporte. Ofrecer agua con frecuencia, buscar espacios de sombra y observar cambios en su comportamiento son medidas sencillas para reducir el riesgo.
El agua participa en procesos esenciales del organismo, como la regulación de la temperatura, el transporte de nutrientes, la circulación y la eliminación de desechos. Cuando el cuerpo pierde más líquido del que recibe, comienza un desequilibrio que puede progresar hasta la deshidratación.
El agua debe ser la bebida principal
Para un niño sano que necesita hidratarse durante un día caluroso, el agua debe ocupar un lugar central. Las gaseosas, los jugos y otras bebidas azucaradas no son necesarias para resolver la hidratación cotidiana.
Las soluciones de rehidratación oral cumplen una función médica específica: ayudan a reponer agua y electrolitos cuando existen pérdidas asociadas con episodios como diarrea y vómito. Por esa razón, no deberían convertirse en una bebida rutinaria para cualquier niño que tenga calor.
Los menores no siempre reconocen o comunican a tiempo que necesitan beber. Por eso, en jornadas de altas temperaturas no conviene esperar únicamente a que manifiesten sed. Ofrecer pequeñas cantidades de agua de manera periódica puede ayudar a reponer los líquidos que se pierden con la sudoración.
Una referencia que no sirve para todos los niños
Como ejemplo, un niño sano de 5 años y cerca de 18 kilogramos podría distribuir durante el día unos 150 mililitros de agua al levantarse, otra cantidad similar durante la mañana, entre 150 y 200 mililitros con el almuerzo, unos 150 mililitros en la tarde, otros 150 mililitros durante el juego y entre 150 y 200 mililitros con la cena.
Ese esquema permitiría alcanzar aproximadamente entre 900 y 1.000 mililitros de líquidos provenientes de bebidas, además del agua presente en frutas, verduras, sopas y otros alimentos. Sin embargo, es solo una referencia: el peso, la actividad física, la temperatura, la humedad y el tiempo de exposición al sol cambian las necesidades de cada menor.
Señales de alerta durante los días de calor
La disminución de la frecuencia de la orina, una orina más concentrada, la boca seca, la irritabilidad, la somnolencia, la debilidad, el mareo y los cambios de comportamiento pueden indicar una alteración en el estado de hidratación.
Si aparece confusión, dificultad para despertar al niño, un deterioro marcado del estado general o una temperatura corporal muy elevada después de la exposición al calor, la situación requiere atención médica inmediata.
En Colombia, las condiciones ambientales pueden variar entre regiones y modificar la cantidad de líquido que pierde un niño. Ante dudas sobre cuánto debe beber, qué producto ofrecer o si realmente está hidratado, lo más adecuado es consultar a un profesional de la salud.