El Día del Hincha Leopardo también mantiene vivo el recuerdo de la tragedia ocurrida el 11 de octubre de 1981 en el estadio Alfonso López de Bucaramanga. Un partido entre Atlético Bucaramanga y Junior de Barranquilla terminó con cuatro personas muertas y 32 heridas después de disturbios, la intervención del Ejército y disparos contra las tribunas.
Más de 20.000 aficionados asistían al encuentro. Junior ya había asegurado su clasificación, mientras que el equipo santandereano necesitaba ganar o empatar para conservar sus posibilidades de avanzar en el campeonato colombiano.
La tensión aumentó con el marcador en contra del Bucaramanga y se desbordó después de una jugada en la que los hinchas reclamaron un penalti que el árbitro Eduardo Peña no sancionó. Varios aficionados ingresaron a la cancha y el partido fue suspendido en medio de la confusión.
Orlando Morales Silva, quien era kinesiólogo del club, recordó que algunos seguidores intentaron llegar hasta el árbitro, mientras los jueces buscaban refugio en el camerino. Luego, según su testimonio, se escucharon disparos en ráfaga y los asistentes comenzaron a correr para protegerse.
Una responsabilidad atribuida a la Nación
La Policía pidió apoyo al Ejército y unidades de la Quinta Brigada ingresaron al estadio. La intervención terminó con disparos hacia las tribunas, mientras los asistentes intentaban encontrar una salida y ponerse a salvo.
Entre los fallecidos estuvo José Germán Martínez Robayo, un joven hincha cuyo caso llegó a los tribunales. El Consejo de Estado declaró responsable a la Nación por el uso imprudente y desproporcionado de armas de fuego durante los hechos.
Cuarenta y cinco años después, la fecha reúne la pasión que identifica a la hinchada del Atlético Bucaramanga y el recuerdo de las personas que no regresaron a sus casas. Para el club y sus seguidores, la jornada no se limita a la polémica arbitral: también representa una tragedia que sigue siendo parte de la historia de la ciudad.