Estudiar en una universidad de élite no elimina las desigualdades de origen. Un estudio del Centro de Estudios sobre el Desarrollo Económico de la Universidad de los Andes encontró que los egresados de estratos socioeconómicos altos tuvieron mejores resultados laborales que sus compañeros de menores ingresos, pese a haber cursado sus carreras en la misma institución.
La investigación analizó la trayectoria de 4.675 graduados de 10 facultades. Los estudiantes ingresaron a sus programas entre 2015 y 2018, durante la vigencia de Ser Pilo Paga, y obtuvieron sus títulos entre 2019 y 2023. Para evaluar su transición al mercado laboral, los investigadores utilizaron la encuesta que la universidad realiza a sus egresados un año después de la graduación.
La diferencia aparece después de la graduación
El análisis tuvo en cuenta si los egresados estaban trabajando al responder la encuesta y si recibían ingresos ubicados entre los niveles medio-alto y alto, en comparación con los resultados de su misma cohorte.
Los resultados mostraron que las personas de estratos altos tenían una mayor probabilidad de estar empleadas un año después de graduarse. Además, tenían 2,5 veces más posibilidades de alcanzar niveles salariales medio-altos o altos que los egresados de estratos bajos.
Los investigadores también incorporaron variables de control, entre ellas el desempeño académico. Las diferencias en el promedio de calificaciones fueron reducidas: 4,08 para los estudiantes de estratos altos frente a 3,95 para quienes provenían de hogares de menores ingresos.
Capital social y presión económica
Según el estudio, la educación superior sí genera una mejora importante frente a las condiciones de origen de los estudiantes menos privilegiados, pero no logra borrar las diferencias de oportunidades dentro de la misma universidad.
Una de las explicaciones planteadas es el capital social, que puede facilitar el acceso a oportunidades laborales. Los investigadores también señalan las presiones económicas: quienes tienen mayores necesidades pueden verse obligados a aceptar rápidamente una oferta de trabajo, aunque sus condiciones sean menos favorables.
El estudio advierte que ampliar el acceso a universidades acreditadas no es suficiente para cerrar la brecha. Sus autores plantean que las políticas públicas deben complementarse con medidas orientadas a reducir las ventajas asociadas al estatus social y a aliviar las presiones económicas que enfrentan los graduados al comenzar su vida laboral.