Las ollas han sido protagonistas de las cocinas durante siglos y la versión multifuncional se ganó un lugar privilegiado en los hogares colombianos: una sola olla arroz, granos y verduras en tiempos que antes parecían imposibles. Pero, como todo aliado de la cocina, necesita cuidados, y aquí es donde muchos fallan.
Una limpieza rápida o hecha con el producto equivocado puede rayar el recubrimiento, tapar las válvulas de seguridad o dañar la parte eléctrica. Mantenerla impecable, sin embargo, no tiene ciencia: solo hay que saber qué parte se lava, cómo y con qué.
Primero, desconectar y esperar
Lo primero, por seguridad, es desconectar el cable y dejar que la olla se enfríe por completo. Aunque parezca obvio, es uno de los errores más frecuentes. Imusa recomienda esperar un par de horas a que el aparato baje de temperatura antes de limpiarlo.
Hay una regla universal: nunca sumerjas el cuerpo externo en agua ni dejes que le entre líquido por dentro, porque ahí está todo el sistema eléctrico. La parte de afuera se limpia únicamente con un paño suave; si quedaron salpicaduras o grasa, basta con humedecerlo un poco.
La olla interna y la tapa, punto por punto
La olla interna, donde se cocina, es la pieza que más se ensucia. Se lava con agua, una esponja suave y detergente, y se seca muy bien con papel de cocina. Yalile Ramírez, Category Manager SDA & Wellbeing de Electrolux, y los expertos de Kalley coinciden en que no se deben usar esponjas abrasivas ni limpiadores agresivos: rayan el revestimiento antiadherente y ahí empieza el deterioro del electrodoméstico.
¿Puede ir al lavavajillas? Electrolux indica que su olla interna sí es apta, mientras que el manual de la Multichef de Imusa prácticamente exige lavarla siempre a mano.
La tapa es quizá la parte que más se descuida y también la más importante, porque de ella dependen el sellado y la liberación segura del vapor. La recomendación es enjuagar con agua caliente toda la parte inferior, incluyendo el anillo de cierre, la válvula limitadora de presión, la cobertura anti-bloqueo y la válvula flotante, y luego secar por completo. El área debajo del anillo superior se limpia aparte, con un paño humedecido o de microfibra, y aquí la advertencia es común en todas las marcas: sin productos químicos.
Para una limpieza profunda, los componentes se retiran, se lavan y se secan por separado antes de reinstalarlos tal como estaban: el anillo de cierre con agua y jabón, el empaque hermético del centro, la válvula de liberación de presión solo con agua y el caucho de la válvula de flotador, ubicado en la parte inferior interna de la tapa, también solo con agua.
Imusa recomienda además revisar antes de cada uso que la válvula esté limpia y sin obstrucciones, ya que una válvula tapada afecta el funcionamiento de la olla.
Dos piezas que suelen olvidarse
El primero es el contenedor plástico de condensación, ese pequeño recipiente que recoge el vapor: se remueve, se lava con agua caliente y jabón, se seca y se vuelve a poner. El segundo es la placa de calentamiento, la base metálica donde se apoya la olla: se limpia con un paño ligeramente húmedo y se seca por completo, pues está conectada a la parte eléctrica y nunca debe sumergirse ni empaparse.
En general, la consigna es evitar químicos agresivos porque manchan y corroen las superficies, descartar por completo las esponjas de metal —les quitan el poder antiadherente— y jamás sumergir el cuerpo, la base ni la placa de calentamiento, porque el daño eléctrico puede arruinar todo el aparato.
El orden también importa: nunca se guarda la olla húmeda. Secar todas las piezas antes de armarla evita malos olores y humedades que con el tiempo deterioran alguna parte funcional. Y si surge la duda de si hay que lavarla antes de estrenarla, depende del manual de cada marca: Kalley, por ejemplo, lo recomienda.
No se trata de convertirte en esclavo de tu olla, sino de ser constante: unos cinco minutos de vez en cuando son suficientes para que sus superficies no se manchen con residuos y tus preparaciones no cambien de sabor.