En Atánquez, Cesar, el pueblo kankuamo espera desde hace años la construcción de la biblioteca Kankuaka, una obra ordenada como reparación por la violencia que sufrió la comunidad. El proyecto comenzó oficialmente el 3 de septiembre de 2025, pero continúa inconcluso después de varias suspensiones y retrasos.
La biblioteca fue concebida para recuperar el vínculo entre los jóvenes y los mayores, interrumpido por el confinamiento, el despojo y la violencia paramilitar que afectaron al pueblo entre finales de los años noventa y mediados de los 2000. Durante ese periodo, los toques de queda impidieron que muchos niños visitaran a sus abuelos para escuchar relatos sobre el origen y la cosmogonía kankuama.
“Se rompió ese hilo generacional”, explicó Souldes Maestre Montero, uno de los líderes de la iniciativa. Para la comunidad, los libros y la biblioteca se convirtieron en una manera de reconstruir ese vínculo y de acercar a los jóvenes a sus raíces.
Una obra con retrasos y suspensiones
La construcción de Kankuaka fue ordenada en 2016 por la Sala de Conocimiento de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Barranquilla. El contrato, que también incluye un centro cultural en Santa Rosa del Sur, tiene un valor adjudicado de $1.976 millones.
Según Maestre, después de siete meses de trabajo la obra había avanzado cerca del 53 %. La entrega estaba prevista inicialmente para diciembre de 2025 y luego fue anunciada para junio de este año, pero ninguna de esas fechas se cumplió.
La primera suspensión ocurrió en septiembre de 2025 por las objeciones del Consejo de Mayores sobre la ubicación de la biblioteca. Después de estudiar otras alternativas, el Ministerio de las Culturas concluyó que el lote propuesto no tenía viabilidad técnica ni jurídica y mantuvo el proyecto en el lugar original.
La suspensión más reciente, conocida a comienzos de septiembre, se relacionó con alertas del IDEAM por lluvias en la Sierra Nevada. Al mismo tiempo, la interventoría reportó posibles incumplimientos del Consorcio Orimeg 2025, encargado de la construcción. El trámite para determinar una eventual sanción permanecía suspendido mientras se realizaban verificaciones.
La comunidad asegura que no ha recibido una comunicación directa del Ministerio y que conoció parte de la situación a través del SECOP. También denunció que los contratistas abandonaron el predio y dejaron madera expuesta al sol y la lluvia. Vecinos y jóvenes tuvieron que organizarse para proteger el material.
Una biblioteca que nació antes de la obra
La historia de Kankuaka comenzó en 2013, cuando Maestre y un grupo de amigos encontraron varias cajas de libros en una bodega abandonada. La comunidad acondicionó el lugar, organizó los ejemplares y consiguió mobiliario para convertirlo en una pequeña biblioteca.
Dos años después, esa primera sede recibió el Premio Nacional de Bibliotecas. Con el paso del tiempo, el espacio quedó pequeño para las actividades de niños y jóvenes, que también deben reunirse al aire libre debido a las limitaciones de la sede y a las altas temperaturas.
Brenda Icela Torres Rodríguez, estudiante de grado 11 vinculada al proyecto, dijo que la falta de la nueva sede genera frustración porque los jóvenes no cuentan con un lugar adecuado para estudiar, leer, compartir y realizar actividades escolares.
El proyecto también ha impulsado herramientas digitales desarrolladas por jóvenes que regresan a la comunidad con conocimientos de tecnología. Kankuaka cuenta con una página web, un sistema de préstamos y una aplicación para iOS y Android relacionada con la memoria y la oralidad del pueblo.
La aplicación fue aprobada por Apple el 23 de septiembre. Desde el 1 de octubre, la biblioteca comenzó a compartir una de las 900 fotografías que conserva sobre la memoria de la comunidad, como parte de una iniciativa para que los mayores reconozcan personas, lugares y momentos del pasado.
La comunidad espera que la construcción finalmente concluya. Para sus integrantes, nuevas demoras pueden hacer que los jóvenes asuman que sus proyectos siempre quedarán aplazados y que el Estado no puede cumplir una sentencia. Mientras tanto, Kankuaka continúa funcionando como un esfuerzo colectivo para recuperar la memoria y mantener abierta la conversación entre generaciones.
La biblioteca compartió una de sus publicaciones sobre este proceso: