Preparar un postre cremoso en casa no siempre exige una máquina de helados. Estas paletas de crema de whisky y arequipe se hacen con pocos ingredientes, sin azúcar añadido y con un resultado que nada le pide a los helados de la tienda.
La preparación empieza batiendo la crema de leche bien fría a velocidad alta, hasta que espese y forme picos suaves. Se incorporan entonces la crema de whisky, el arequipe y el endulzante, y se mezcla suavemente para que todo quede integrado.
El toque final lo pone el maní picado, que se agrega a la mezcla antes de repartirla en vasitos pequeños. En cada uno se inserta una paleta de madera y la preparación se lleva al congelador durante toda la noche.
Al día siguiente, las paletas están listas: cremosas, con el sabor del whisky y el arequipe equilibrados y sin el azúcar añadido de las versiones comerciales.
El origen de las paletas
La historia de este postre se remonta a 1905, cuando un niño llamado Frank Epperson dejó olvidado durante toda la noche, en Oakland (California), un vaso con agua, gaseosa y un palito de madera. A la mañana siguiente encontró la mezcla congelada y, tras sacarla del vaso con un poco de agua caliente, obtuvo lo que hoy se conoce como paleta.
A Epperson le gustó tanto el resultado que siguió preparándolas para él y luego para sus hijos. En 1923 patentó su invento, bautizado como Popsicles, y se alió con la empresa Joe Lowe Co, que impulsó su distribución. Desde entonces, las paletas se convirtieron en un clásico con una gran variedad de sabores.