España, que se coronó campeona del Mundial 2026 en Norteamérica, frontalmente se metió en una batalla por la sede de la final del Mundial 2030, dentro de una candidatura compartida con Portugal y Marruecos.
El pulso subió de tono con Alberto Núñez Feijóo, líder del Partido Popular y favorito en las próximas elecciones españolas, quien planteó un ultimátum claro: si la final no se disputa en su país, España debería abandonar la organización. «Si Marruecos se queda la final, España debería dejar la organización», afirmó en una entrevista con Gonzalo de Martorell.
Madrid propone el Santiago Bernabéu como escenario del partido decisivo, mientras Marruecos apuesta por un estadio ultramoderno de 115.000 plazas en Benslimane, cerca de Casablanca. La Federación Marroquí defiende que la final se celebre en su territorio, lo que mantiene viva la pugna.
Al debate deportivo se suma una capa geopolítica: el reciente conflicto migratorio en Ceuta deterioró las relaciones entre España y Marruecos. Feijóo, además, acusó a Marruecos de estar detrás de la «invasión» y prometió un gobierno de firmeza, lo que añade un componente político al pulso futbolístico.
El campeonato logrado en Norteamérica afianzó a España como una potencia global del balón y redobló el interés del país por albergar la final, que entiende como un símbolo de reconocimiento y de legado para sus futbolistas actuales y futuros.