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Maratones y ultramaratones: cuándo el entrenamiento puede convertirse en un riesgo para la salud

Las carreras de larga distancia pueden mejorar la resistencia y la salud cardiovascular, pero el aumento brusco de las cargas, la falta de recuperación y una alimentación insuficiente elevan el riesgo de lesiones y complicaciones.
Escrito por Redacción Web 14 octubre, 2026
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Corredor participando en una carrera de larga distancia sobre una vía al aire libre

Foto: Fitsum Admasu / Unsplash

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Correr maratones de 42 kilómetros y ultramaratones puede mejorar la resistencia física y la salud cardiovascular, pero también implica riesgos cuando el entrenamiento supera la capacidad de recuperación del organismo. El aumento brusco de las cargas, la falta de descanso y una alimentación insuficiente pueden favorecer lesiones y complicaciones durante la preparación o la competencia.

La doctora María Cecilia Colombo, especialista en medicina y nutrición deportiva y ultramaratonista, explicó que correr no necesariamente deteriora las articulaciones. Según la especialista, el impacto repetitivo puede fortalecer huesos, músculos y tendones cuando el entrenamiento aumenta de manera progresiva.

La actividad recreativa tampoco eleva necesariamente el riesgo de artrosis y, de acuerdo con las investigaciones citadas por Colombo, incluso podría tener un efecto protector sobre las articulaciones. El problema aparece cuando se incrementan demasiado rápido los kilómetros, se utiliza una técnica inadecuada o se entrena sin suficiente recuperación.

Lesiones y adaptaciones del corazón

Entre las lesiones más frecuentes están las del tendón de Aquiles, el dolor de rodilla, el síndrome de la banda iliotibial, las fracturas por estrés y las molestias musculares en las pantorrillas.

El entrenamiento de resistencia produce adaptaciones cardiovasculares. Una de ellas es el llamado corazón de atleta, que permite bombear más sangre con cada latido y mejora la capacidad aeróbica. También puede aumentar la eficiencia respiratoria y la capacidad para utilizar oxígeno durante esfuerzos prolongados.

Sin embargo, algunos estudios sugieren que mantener volúmenes extremos de entrenamiento durante años podría relacionarse, en determinados casos, con un mayor riesgo de arritmias, especialmente fibrilación auricular.

Deshidratación, baja energía y esfuerzo extremo

Colombo también advirtió sobre el síndrome de baja disponibilidad energética, que ocurre cuando la alimentación no cubre las exigencias del entrenamiento y las funciones del organismo. En competencias prolongadas pueden presentarse náuseas, vómitos, diarrea y dolor abdominal por los cambios en la circulación, la hidratación y la alimentación.

Otros riesgos son la deshidratación, los golpes de calor y la hiponatremia, una alteración de los niveles de sodio que puede producirse al consumir demasiados líquidos sin reponer adecuadamente ese mineral.

La rabdomiólisis es otra complicación asociada con esfuerzos extremos. Consiste en la destrucción del tejido muscular y puede afectar los riñones. El riesgo puede aumentar con temperaturas elevadas, deshidratación y consumo de antiinflamatorios.

Entre las señales de alerta están el dolor muscular intenso, la debilidad marcada, la orina oscura y una disminución considerable de la cantidad de orina.

Las claves para recuperarse

La especialista resumió la recuperación en cuatro componentes: descanso, reparación muscular mediante una alimentación con proteínas, reposición de carbohidratos y rehidratación con agua y electrolitos.

También recomendó evitar aumentos bruscos en la intensidad, incorporar ejercicios de fuerza y atender las señales de fatiga. La preparación debe ajustarse a la edad, la experiencia deportiva, los antecedentes de lesiones y las condiciones particulares de cada corredor.

El acompañamiento de entrenadores, médicos y nutricionistas puede ayudar a ajustar las cargas físicas y las necesidades alimentarias. La actividad regular mantiene beneficios frente a enfermedades cardiovasculares y metabólicas, pero algunas ventajas pueden estabilizarse o disminuir ligeramente cuando el volumen de ejercicio alcanza niveles extremos.

Resumen de la noticia

Las maratones y ultramaratones pueden mejorar la resistencia y la salud cardiovascular cuando se preparan de forma progresiva. Sin embargo, aumentar demasiado rápido la distancia o entrenar sin suficiente descanso puede favorecer lesiones, alteraciones cardíacas, deshidratación, hiponatremia y rabdomiólisis. La especialista María Cecilia Colombo señaló que también es necesario cubrir las demandas energéticas del organismo y adaptar la preparación a la edad, la experiencia y los antecedentes de cada corredor. El descanso, la alimentación, la hidratación y el acompañamiento profesional son claves para reducir los riesgos.

En pocas palabras

  • El aumento repentino de kilómetros puede provocar lesiones musculares y articulares
  • El entrenamiento extremo durante años podría asociarse con algunas arritmias
  • La hiponatremia puede aparecer por consumir demasiados líquidos sin reponer sodio
  • Dolor muscular intenso y orina oscura son señales de alerta de rabdomiólisis
  • La recuperación incluye descanso, proteínas, carbohidratos y rehidratación

¿Por qué importa?

Preparar una carrera de larga distancia sin ajustar las cargas puede convertir los beneficios del ejercicio en problemas de salud. Reconocer las señales de fatiga ayuda a entrenar y competir con mayor seguridad.

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