El presidente de Cerrejón, Edgar Alfonso, elevó la voz sobre el tema que más preocupa a la compañía: los atentados a la línea férrea y los bloqueos que sufren sus operaciones, una problemática que —según su estimación— no se presentaba desde hace más de una década. «Eso nos tiene preocupados, nos ha afectado. El último atentado casi que nos tuvo por fuera de operación 11 días», admitió el directivo.
La empresa acumula este año varios atentados contra la línea férrea —el año pasado fueron 12— y más de 110 bloqueos, frente a más de 200 en 2025. Cerca del 70 % de esas protestas, precisó Alfonso, son ajenas a Cerrejón: responden a disputas por pagos a maestros, temas del Icbf y de transporte, aunque igualmente frenan el tren que mueve el carbón hacia el puerto y baja los suministros críticos.
Meta de producción en 2026 y expectativas para el otro año
La compañía mantiene su plan de producir 17 millones de toneladas este año. «Las condiciones están dadas para que podamos cumplir esa meta. Vamos bien hasta lo que va del año», afirmó Alfonso, quien aclaró que las expectativas del próximo año dependerán de la evolución de bloqueos y atentados. «Realmente no tendría sentido que subiéramos producción si no vamos a mover el carbón», sentenció.
El mercado que se desplaza hacia Asia
Cerrejón exporta absolutamente todo lo que produce, pues sus contratos actuales no le permiten vender en el mercado doméstico. Su mercado natural es el del Atlántico —Sudamérica, Norteamérica y Europa—, pero este año cerca del 20 % de la producción va para Asia, una tendencia que se consolidará si la firma quiere crecer. Ese desplazamiento trae costos adicionales por flete y la obligación de competir con carbones de Sudáfrica y de Australia.
Israel, un cliente que hay que reconstruir
Alfonso celebró que el Gobierno levantara la restricción de exportar carbón a Israel, aunque advirtió que la relación comercial debe reconstruirse tras la parada de envíos que erosionó la confianza con esos clientes. El directivo recordó que el mercado israelí recibía entre uno y dos millones de toneladas por año y estimó que la reactivación de esos envíos podría darse este mismo año, aunque se trata de una probabilidad.
Sobre el futuro del negocio, la lectura del directivo es que el carbón seguirá siendo necesario mucho más allá de 2050, porque la demanda de energía sigue creciendo y las energías renovables enfrentan limitaciones de insumos —como el cobre— para construir los generadores hidráulicos y eólicos que requiere la transición energética.