El Banco Popular y ADL Digital Lab, el laboratorio digital del Grupo Aval, impulsan desde hace poco más de un año el Club Plateado, una plataforma digital gratuita que reúne a más de 130.000 colombianos mayores de 50 años y los acompaña —junto con sus cuidadores— en su bienestar físico, emocional y financiero. El proyecto llega cuando una realidad que el país ya no puede postergar: una población que envejece aceleradamente.
Colombia ya no es un país joven
El diagnóstico detrás del proyecto es demográfico: Colombia dejó de ser, hace ya varios años, el país joven de los libros escolares. La esperanza de vida subió cerca de diez años en las últimas dos décadas y hoy ronda los 77, mientras la tasa de fecundidad se desploma y las nuevas generaciones no alcanzan a compensar el crecimiento de la población mayor. Según Luis Fernando Gómez Falla, vicepresidente de Banca Personas y Experiencias del Cliente del Banco Popular y una de las cabezas del Club Plateado, el cambio que vivieron Europa y Japón a lo largo de décadas —y que Chile y Argentina atraviesan más recientemente— en Colombia ocurre de manera acelerada.
“Antes nos decían que éramos un país joven. El cambio ha sido vertiginoso, casi exponencial, en relación con otros países”, señala el ejecutivo. La pandemia, recuerda, no inició el fenómeno, aunque sí marcó un punto de quiebre: millones de mayores tuvieron que aprender a usar el celular para cobrar su mesada pensional. Lo que ha cambiado, advierte, es la velocidad de la transición y la falta de una respuesta institucional a la altura.
Gómez rechaza que este cambio deba leerse como amenaza. “Se habla mucho de la bomba demográfica. Nosotros creemos que este es un proceso normal, que ya vivieron otros continentes y que ahora le toca a Latinoamérica”, sostiene, antes de agregar la condición que a su juicio define todo: si la empresa privada y el Estado actúan de manera coordinada y se generan los incentivos correctos, “esto puede ser una gran oportunidad y no una bomba”.
La apuesta tiene un argumento económico: la llamada economía plateada mueve cerca de 121 billones de pesos al año en Colombia, alrededor del 13 % del PIB, una cifra que —advierte Gómez— seguirá creciendo.
De la soledad al club
El Club Plateado no nació de un estudio de mercado, cuenta Gómez, sino de una constatación concreta: al pensionarse, las interacciones sociales de una persona caen de manera abrupta. “Uno deja de venir a la oficina, deja de hablar con la gente todos los días, y empieza a existir mucha soledad y mucha dependencia para las labores del día a día”, relata.
Por eso la comunidad se organiza como un espacio híbrido, físico y digital, alrededor de intereses compartidos: hay clubes de ajedrez, de cine, de cocina y de viajes, entre otros. El diseño se completa con tres frentes permanentes —educación y bienestar financiero, clave cuando los ingresos caen con la pensión; entretenimiento, con actividades presenciales y virtuales que van de aeróbicos en centros comerciales a clases de cocina en línea— y una red de más de 40 alianzas comerciales con descuentos para mayores de 50 años.
El abanico incluye además “Experiencias Aval”, una línea de conciertos y espectáculos culturales pensada para ese público. Y hay un punto que Gómez subraya: entrar no exige ser cliente del banco. Con el tiempo, además, la plataforma incorporó a un grupo que no estaba en el diseño original: los cuidadores de personas mayores, que hoy encuentran allí herramientas desarrolladas para ellos.
Buena parte del reto es cultural: dejar atrás la imagen del “viejito con bastón” y reconocer a una generación que viaja, consume cultura y sigue reinventándose laboralmente. La base, dice Gómez, es que la prolongación de la vida cambia la propia definición de vejez: si la esperanza de vida avanzó diez años en dos décadas, la proyección sugiere que seguirá subiendo. “Si eso pasó en los últimos 20 años, en los próximos 20 podemos hablar de otros 10 o 15 años más. Entonces mi expectativa de vida real no es la de hoy, sino mucho mayor, gracias a los avances científicos y a hábitos como el ejercicio y la alimentación”, explica, usando sus propios 52 años como referencia.
El salto digital que sorprendió al banco
Entre los hallazgos que más llamaron la atención a los impulsores está la velocidad con la que los usuarios adoptaron lo digital. El Club Plateado, que ya cuenta con unos 130.000 miembros, solo admite inscripción por internet, y cerca del 40 % de esos usuarios llegó por marketing digital: vieron una invitación en redes sociales y decidieron afiliarse.
“El 45 % de las personas mayores de 60 años que son clientes del Banco Popular ya son clientes digitales, transan y utilizan los medios digitales. Hace dos años esa cifra era del 25 %”, detalla Gómez, aunque reconoce que el sistema financiero en su conjunto tiene una adopción algo mayor, cercana al 60 % o 65 %.
La pandemia marcó el quiebre. Antes de 2020, cerca de 200.000 pensionados acudían cada mes a las oficinas del banco a reclamar su mesada en efectivo; hoy la cifra de digitalizados se duplicó hasta los 400.000. “Toda esa gente se bancarizó, ya utiliza su tarjeta débito, retira en cajeros, usa datáfonos. La pandemia ayudó mucho a que la gente buscara nuevas formas de hacer lo que hacía en su día a día”, explica el ejecutivo.
La brecha, sin embargo, no desapareció del todo. El club mantiene siempre la opción de atención por una persona, porque a partir de los 75 u 80 años el proceso se vuelve más complejo. Y tiene una dimensión territorial: en el campo hay menos presencia de Estado y de empresa privada, así que muchas gestiones urbanas se resuelven por vía digital. “Paradójicamente, en las zonas rurales termina habiendo más necesidad de volverse digital”, concluye Gómez.
Trabajo después de la pensión
Otro frente del club apunta al empleo. Su “Asistente Mijo”, una figura de acompañamiento virtual, hoy lo prestan personas reales —muchas de ellas mayores de 50 años, ya pensionadas— que resuelven las dudas de los afiliados; en el mediano plazo, el banco quiere convertirlo en un agente de inteligencia artificial personal para cada usuario, cercano a un asistente tipo Alexa que recuerde tareas y acompañe el día a día. A eso se suma una alianza próxima a cerrarse para crear, dentro de la comunidad, una bolsa de búsqueda de empleo dirigida a mayores de 50 años.
Gómez cita la película El becario, con Robert De Niro, como referencia de lo que para él ya es normal en otros países: en Estados Unidos, hace más de 35 años, era común ver personas mayores trabajando medio tiempo, por ejemplo como cajeros de supermercado. “Para las empresas resultaban empleados muy buenos: cumplidos, honestos. Creo que a nosotros como país todavía nos falta identificar esos beneficios”, señala. Un beneficio concreto, anota, es que contratar a una persona ya pensionada reduce en cerca de 9 % los costos parafiscales del empleador, al no haber que cotizar a pensión.
El ejecutivo reconoce, sin embargo, una tensión de fondo con el desempleo juvenil y la irrupción de la inteligencia artificial en los procesos de selección. “Hay que balancear las dos cosas, pero sí creo que hay labores que se le pueden asignar a cierto tipo de perfiles, incluyendo a los mayores de edad”, plantea, con el ejemplo de los guías cívicos que hoy apoyan la movilidad peatonal en Bogotá, muchos de ellos mayores de 60 años.
Sobre la automatización, Gómez coincide con un artículo reciente de Bill Gates en que el cuidado de las personas mayores será probablemente uno de los últimos reductos que resista, aunque se cuida del absoluto: “No diría nunca jamás, porque el mundo nos ha demostrado que el ‘jamás’ no existe”. Si la longevidad se vuelve más plena y saludable, plantea, la necesidad de cuidado debería aparecer más tarde en la vida —hoy, en promedio, alrededor de los 70 años— y aliviar parte de la presión sobre ese sector.
La deuda del Estado con el adulto mayor
Al hablar del papel del Estado frente a esta transición, el ejecutivo es crítico. “La realidad es que en política pública se habla mucho, pero se ha hecho muy poco”, afirma. En su lista de pendientes figuran políticas de trabajo temporal para mayores de edad, procesos educativos pensados para esa población y una estrategia general que mantenga al adulto mayor activo en la economía, en lugar de empujarlo hacia la salida apenas cumple la edad de pensión.
El cierre vuelve a la idea que atraviesa todo el proyecto: la vejez colombiana de hoy se parece poco a la de hace veinte años, y bancos, empresas y Estado siguen en mora de ponerse a tono con esa transformación. “Una persona de 60 o 65 años hoy tiene otra energía y sigue teniendo grandes capacidades para trabajar y para aportar. Tenemos que reeducar a la sociedad para las habilidades que se necesitan hacia el futuro, y si aprovechamos eso, lo que parece una bomba puede convertirse en una gran oportunidad de crecimiento”, concluye Gómez.