Mientras Elon Musk insiste en que la inteligencia artificial necesita controles cruzados, el CEO de Nvidia, Jensen Huang, minimiza los riesgos de la tecnología y coincide con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en defender su desarrollo. Ese pulso global por definir cuánto debe regularse la IA todavía no encuentra una réplica clara en Colombia, donde la discusión económica sobre el tema apenas comienza a tomar forma.
La pregunta de fondo no es solo cuántos empleos podrían desaparecer o qué empresas serán más productivas. También es quiénes tendrán las capacidades para aprovechar la tecnología, qué trabajadores podrían quedar por fuera y cómo se repartirán sus beneficios en un país con brechas profundas de acceso, formación y participación laboral.
Los datos recientes muestran ese punto de partida. En julio de 2026 la tasa de desocupación nacional fue de 8,1%, con 2,16 millones de personas sin empleo. Y en el trimestre mayo-julio, de cada diez jóvenes entre 15 y 28 años, dos no estudiaban ni trabajaban.
“El debate de la IA ya llegó a la economía colombiana, pero lo hizo de manera incompleta. Está presente en las esferas formales y en los centros de decisión, pero aún no ha permeado de forma significativa la realidad de la mayoría de los trabajadores ni de los territorios con mayores carencias”, advirtió Juan Carlos Gutiérrez Betancur, profesor de la Universidad Eafit.
Las universidades, en el centro del debate
Rectores y académicos consultados coinciden en que la disyuntiva no es adoptar o rechazar la IA, sino aprender a usarla con criterio. “Lo primero que debemos hacer es formarnos. Todas las generaciones debemos comprender la IA, cuáles son sus posibilidades y también sus límites y riesgos. La algorética es parte esencial de esa formación, pues permite orientar el uso”, explicó P. Luis Fernando Múnera, rector de la Pontificia Universidad Javeriana.
Desde la Universidad de los Andes, su rectora Raquel Bernal, reconoció que los avances tecnológicos no se detendrán y que por eso es indispensable promover la reflexión y el diálogo global sobre su regulación. “Se trata de formar conjuntamente, además de competencias profesionales sólidas, competencias perdurables y profundamente humanas, que son las que permitirán beneficiarnos como seres humanos de las tecnologías disruptivas”, agregó.
El rector de la Universidad Externado, Hernando Parra Nieto, señaló que la regulación y la supervisión humana son una condición para la existencia y el uso de la IA, y recordó que incluso los CEO de las tecnológicas han pedido una regulación más fuerte. En materia educativa, dijo, es deber de las universidades formar una mente crítica capaz de usar la tecnología para la productividad, la innovación y la creación de conocimiento.
José Francisco Lloreda Mera, rector de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, puso el acento en la responsabilidad: la clave está en desarrollar y usar la IA como un apoyo, y no como un sustituto de la inteligencia humana.