Solo 1,16 % de la población colombiana participa activamente en el mercado bursátil, según datos de la Bolsa de Valores de Colombia (BVC) citados por el educador financiero Eduardo Rivera. La cifra contrasta con el creciente interés por el tema: pese a que la mayoría de los ciudadanos ahorra en productos tradicionales como los CDT o la compra de vivienda, cada vez son más quienes se preguntan cómo poner su dinero a trabajar a largo plazo.
Las encuestas que maneja Rivera refuerzan esa brecha: 72 % de las personas dice tener dinero ahorrado que quisiera aprender a invertir con mayor criterio, y 58 % reconoce que genera ingresos pero no sabe cómo hacer crecer ese capital. La participación real en bolsa, sin embargo, sigue siendo marginal.
Rivera plantea que la volatilidad que atraviesan los mercados deja un mensaje concreto: “La volatilidad que estamos viviendo deja una lección clara: nunca más un solo ingreso”. El contexto internacional hace aún más relevante esa discusión: los movimientos asociados con tasas de interés, inflación, comercio internacional y tensiones geopolíticas pueden generar variaciones importantes en acciones, bonos y materias primas.
El primer paso: el excedente y la constancia
Antes de elegir una acción hay que definir cuánto dinero se puede destinar realmente a la inversión. La recomendación es separar primero los recursos para gastos y obligaciones de corto plazo; el dinero que vaya al mercado debe ser un excedente que pueda mantenerse invertido durante varios años sin comprometer la estabilidad financiera. “Invertir no empieza escogiendo una acción, sino definiendo cuánto dinero realmente se puede dejar trabajando durante años”, explica Rivera.
Para quien llega a la bolsa buscando ganancias rápidas, la advertencia es directa: los precios pueden subir o bajar y ninguna estrategia garantiza resultados positivos. La disciplina de hacer aportes de forma constante puede pesar más que intentar acertar el momento perfecto de compra.
Más allá de los CDT: diversificar sin eliminar el riesgo
Los CDT siguen siendo una alternativa válida para quienes buscan estabilidad, pero ampliar el patrimonio también puede implicar sumar otros mercados, monedas y sectores. Estados Unidos aparece como una opción natural por el tamaño y la diversidad de su mercado, con miles de compañías de sectores como tecnología, salud y consumo, algunos con poca representación en Colombia. Además, el acceso desde el país ya no exige un capital elevado: es posible abrir una cuenta con un intermediario regulado y construir la posición de forma gradual. Antes de transferir dinero conviene revisar la regulación del intermediario, las comisiones, los costos asociados y los activos disponibles.
La diversificación, eso sí, no evita pérdidas. Lo que hace es reducir la concentración del riesgo, porque distintos activos y mercados reaccionan de manera diferente ante un mismo evento. A cambio, el inversionista queda expuesto a factores nuevos, como las variaciones de las monedas y la situación económica de otros países. “No existe un mercado inmune a las crisis. La diferencia está en no tener todo el patrimonio expuesto a los mismos factores al mismo tiempo”, señala Rivera.
Para quien da el primer paso, entonces, la decisión inicial no es qué acción comprar, sino cuánto dinero puede comprometer, durante cuánto tiempo, qué nivel de riesgo está dispuesto a asumir y cómo encaja esa inversión en el resto de su patrimonio.