Weil, Gotshal & Manges, una de las firmas de abogados más grandes de Estados Unidos, anunció su disolución después de casi un siglo de actividad. La decisión la comunicó su presidente, Barry Wolf, en una reunión virtual con los abogados de la compañía, según reveló el Financial Times.
La firma llegó al anuncio con ingresos anuales cercanos a US$2.000 millones y más de 1.000 abogados, una combinación que no alcanzó para sostener la operación. El problema no fue la caja, sino la pérdida de los socios que traían los grandes clientes.
Los socios que se llevaron la facturación
Durante 2026 la firma perdió a varios de sus nombres más rentables. Christopher Machera y Brian Parness, especialistas en capital privado con clientes como TPG, Brookfield y Goldman Sachs, se fueron a Paul Weiss y Simpson Thacher, respectivamente, y arrastraron a miembros de sus equipos.
El golpe mayor fue la salida de Michael Aiello, uno de sus principales abogados de fusiones y adquisiciones, quien se sumó a Cravath, Swaine & Moore con un grupo de socios. Según el Financial Times, Aiello y su equipo generaban entre US$100 millones y US$150 millones al año, es decir, entre el 5 % y el 7 % de los ingresos totales.
A esa cifra se sumaban unos US$100 millones anuales de Machera, Parness y sus equipos. En conjunto, los abogados que se marcharon representaban una facturación de entre US$200 millones y US$250 millones al año, una muestra de la dependencia de la firma frente a un grupo reducido de socios.
La sucesión que se cayó y la fusión que no prosperó
A la fuga de abogados se agregó una crisis de liderazgo. Ramona Nee, especialista en capital privado con sede en Boston, había sido elegida para suceder a Wolf en enero de 2027, pero comunicó a algunos directivos que ya no quería asumir el cargo. También anunciaron su salida integrantes del comité directivo como Drew Tulumello, Chantale Fiebig y Caroline Zalka.
El comité global de liderazgo y estrategia, creado el año anterior para definir el rumbo de la firma, quedó tocado: tres de sus seis integrantes —Aiello, Machera y Fiebig— ya habían anunciado que se iban.
Weil exploró entonces una fusión con Willkie Farr & Gallagher, que se cayó a comienzos de noviembre tras varias rondas de negociación. En el análisis de las alternativas participaron asesores de Davis Polk y AlixPartners. La firma también evaluó seguir como una organización independiente más pequeña, con el riesgo de que los abogados que quedaran no cubrieran los costos operativos.
En Estados Unidos, las normas de ética profesional limitan en la práctica los acuerdos de no competencia entre abogados, porque los clientes tienen derecho a elegir a sus representantes. Esa regla facilitó la movilidad de los socios y dejó a Weil expuesta a la pérdida de sus principales generadores de ingresos.
Clientes, socios y personal: qué sigue
Tras el anuncio, la firma informó que seguirá atendiendo los asuntos de sus clientes mientras avanza el cierre. Sus asesores buscarán recuperar los honorarios pendientes para cubrir obligaciones, entre ellas el alquiler de unos 380.000 pies cuadrados de oficinas en el edificio General Motors, en Manhattan.
La firma también deberá responder por los saldos de capital de sus socios actuales y antiguos, un punto delicado porque algunos usan esas participaciones como garantía de créditos. Para el personal de apoyo —asistentes jurídicos, administrativos e investigadores— el panorama es más incierto.
La disolución de Weil, Gotshal & Manges deja una lección sobre el modelo de las grandes firmas legales: la facturación depende de las relaciones y el talento de un grupo de socios, y cuando ese grupo se va, el tamaño y la antigüedad pesan poco.