La muerte de Darya Shipilova, trabajadora del Instituto de Investigación Antipeste de Irkutsk, volvió a poner bajo escrutinio los laboratorios rusos dedicados al estudio de la peste y otras enfermedades. El caso también reavivó las dudas internacionales sobre la transparencia y las condiciones de bioseguridad de esas instalaciones.
Inicialmente se informó que Shipilova había contraído peste neumónica. Sin embargo, las autoridades rusas descartaron esa enfermedad como causa de la muerte y todavía no han confirmado qué patógeno provocó la neumonía.
El episodio generó cuestionamientos de Estados Unidos y otros gobiernos, en parte por la desconfianza que persiste alrededor de la investigación biomédica rusa y su relación histórica con los programas soviéticos de desarrollo de armas biológicas.
El origen del Sistema Antipeste
El instituto de Irkutsk nunca fue una instalación militar, pero formaba parte del Sistema Antipeste soviético. La red incluía cientos de laboratorios y puestos de campo distribuidos por la Unión Soviética, donde investigadores vigilaban nuevas cepas de peste y otras enfermedades, controlaban poblaciones de roedores y desarrollaban vacunas.
Según expertos citados en investigaciones históricas, algunas de esas instalaciones también suministraron muestras de patógenos a laboratorios militares durante la era soviética. La mayoría continuó funcionando después de la caída de la Unión Soviética, aunque con grandes diferencias entre los centros urbanos mejor financiados y los institutos rurales más aislados.
La red comenzó a principios del siglo XX para enfrentar los brotes frecuentes en zonas rurales donde ratas, jerbos y marmotas podían albergar la bacteria Yersinia pestis. En sus primeras décadas, los trabajadores viajaban al campo para eliminar roedores y destruir sus madrigueras, a menudo con poco equipo de protección y sin desinfectantes eficaces.
Entre las décadas de 1920 y 1950, el sistema cambió el énfasis de la erradicación a la prevención. Se abrieron laboratorios en varias ciudades y, con el desarrollo de antibióticos contra la peste, miles de empleados pasaron a trabajar durante todo el año, mientras otros eran contratados por temporadas para recolectar muestras.
Problemas de seguridad y falta de información
Investigadores que han estudiado antiguos institutos antipeste describen una época marcada por el secreto, equipos atrasados y protocolos de seguridad distintos a los utilizados en países occidentales. En algunos laboratorios se reportaron incendios, brotes entre animales y pérdida de muestras de patógenos.
Durante los últimos años de la Unión Soviética, varias instalaciones recibieron equipos más seguros, como refrigeradores especializados y sistemas de extracción que reemplazaron las ventanas abiertas. Sin embargo, los centros pequeños y remotos tuvieron dificultades para obtener financiación y actualizar sus instalaciones.
Tras la disolución soviética, investigadores internacionales encontraron en algunos antiguos laboratorios registros en papel, muestras guardadas en refrigeradores de uso común y escasas medidas de seguridad externa. Con el tiempo, varias instalaciones de otros antiguos Estados soviéticos fueron remodeladas con apoyo internacional y se convirtieron en centros de investigación más modernos.
Rusia, en cambio, ha mantenido cerradas sus instalaciones del Sistema Antipeste a investigadores y funcionarios extranjeros. Por eso, resulta difícil establecer si sus laboratorios han mejorado en la misma medida que otros centros de la región.
Sobre el instituto de Irkutsk existe poca información pública. Las autoridades rusas han sostenido que la muerte de Shipilova no estuvo relacionada con incumplimientos de los protocolos ni con fallas de bioseguridad, pero aún no han divulgado el patógeno que causó su neumonía.