La inteligencia artificial está modificando las tareas que realizan los trabajadores y la forma en que las empresas organizan sus equipos, pero también está aumentando el valor de capacidades propias del ser humano. En Colombia, Javier Echeverri, presidente de ManpowerGroup Colombia, las llama habilidades preindustriales: creatividad, curiosidad, capacidad y voluntad de aprender de forma permanente, análisis de problemas, propósito para generar un valor distinto y capacidad de verificar y validar lo que producen los sistemas de IA.
El cambio, según Echeverri, no consiste solo en aprender a usar una herramienta: implica saber formular preguntas, interpretar resultados, cuestionar información, detectar errores y establecer qué decisiones requieren criterio humano. En su lectura, la IA se incorpora a todos los procesos de las empresas, automatiza tareas repetitivas y manuales, y libera tiempo para que las personas desarrollen su potencial en esas otras habilidades.
Decisión aumentada, no sustituida
Carlos González-Reyes, director del laboratorio de habilidades de la Universidad Oberta de Cataluña (UOC Skills Lab), describe la transformación como un tránsito hacia un modelo de decisión aumentada, no sustituida: la IA puede encargarse de determinadas tareas, mientras la persona conserva la función de interpretar los resultados y decidir qué hacer con ellos. “El valor del profesional no será tanto crear desde cero, sino más bien saber formular buenas preguntas, definir problemas y dar sentido a los resultados que genera la IA”, señala.
La creatividad es uno de los terrenos donde esa diferencia se nota más: los sistemas generativos pueden producir textos, imágenes e ideas, pero el aporte humano está en la intención, el criterio y el contexto con los que se usa cada resultado. “La creatividad humana aporta intención, criterio, contexto y capacidad de generar ideas realmente nuevas o relevantes”, explica González-Reyes, quien vincula la curiosidad con la capacidad de explorar alternativas y formular buenas preguntas.
Esa capacidad de preguntar se cruza con el prompt engineering, la habilidad de construir instrucciones precisas para obtener determinados resultados de un sistema de IA, y con la disposición permanente a aprender, que los expertos llaman learnability: la aptitud para adaptarse a herramientas, procesos y funciones que pueden cambiar con rapidez.
Las empresas, advierte Echeverri, deben acompañar esa transformación con formación. “Todas las empresas hoy en día, de medianas hacia arriba, grandes y esperamos que también pequeñas, están pensando en entrenar a las personas, alfabetizarlas en inteligencia artificial”, afirma. Ese aprendizaje puede comenzar con tareas cotidianas, como usar una herramienta para redactar un correo, y avanzar hacia proyectos o automatización de actividades.
Lo que piden las empresas y lo que ya usan los trabajadores
El estudio Experis de Manpower en Colombia muestra que las habilidades humanas más demandadas por las empresas son la comunicación, la colaboración y el trabajo en equipo, con el 75 por ciento; el profesionalismo y la ética laboral, con 68 por ciento; el liderazgo e influencia social, con la misma cifra; y el pensamiento crítico, la resolución de problemas y la adaptabilidad, con 67 por ciento.
Los nuevos entornos también exigen colaboración y resolución de problemas complejos en perfiles técnicos y operativos, y en los directivos suman gestión de relaciones, comunicación e inteligencia emocional: la coordinación de personas continúa requiriendo interacción humana.
El uso, mientras tanto, ya es masivo. Según el estudio GMS, el 93,8 por ciento de los profesionales consultados utiliza inteligencia artificial todos los días o varias veces por semana, y el 75 por ciento la emplea con material propio del trabajo, como archivos, correos, contratos o datos de clientes y proveedores. Eso introduce una tarea nueva: revisar la información de los sistemas antes de utilizarla.
González-Reyes propone entender la herramienta como “un compañero de trabajo que puede ayudarnos en todo”, pero que exige instrucciones precisas y revisión posterior. “Un buen uso de la IA implica diálogo”, sostiene: formular la instrucción, examinar la respuesta, pedir aclaraciones, incorporar restricciones y corregir cuando el sistema se desvía o entrega información incorrecta.
Brechas de seguridad y el debate del reemplazo
La adopción también deja brechas de protección: solo el 9,4 por ciento de los profesionales de tecnología, sistemas y ciberseguridad consultados en Colombia considera que su organización está muy preparada frente a amenazas que incorporan IA, y el 46,9 por ciento identifica brechas importantes o una preparación todavía inicial.
Frente al temor al reemplazo de trabajadores, Echeverri plantea la transformación como una combinación entre tecnología y capacidades humanas. “No es que vaya a reemplazar al ser humano. Se debe tener una muy buena combinación y las personas, las empresas, los gobiernos y los países cada vez más tienen que esforzarse porque haya una democratización del conocimiento y se trabaje conjuntamente con tecnología, inteligencia artificial, automatización y el ser humano con sus capacidades”, afirma.
En ese proceso, las habilidades humanas y digitales pasan a convivir dentro de las mismas funciones: el trabajador no solo necesita conocer la herramienta que utiliza, sino comprender qué puede hacer con ella, qué debe revisar, qué puede cuestionar y qué decisiones requieren su propio criterio.