Los relojes inteligentes ya no son la única forma de registrar actividad física, sueño o indicadores de salud. Las pulseras inteligentes y los anillos inteligentes se han convertido en alternativas más discretas, pero elegir entre ellos no es tan simple como parece.
Los dos pueden medir pasos, frecuencia cardíaca, sueño y actividad física. La diferencia está en cómo entregan esa información: la pulsera está pensada para consultarse durante el día, mientras que el anillo recopila datos en segundo plano sin convertirse en otra pantalla que mirar constantemente.
Pulsera: mucho más que contar pasos
Las pulseras siguen siendo la entrada más económica al mundo de los wearables. La mayoría incorpora pantallas LCD o AMOLED de alrededor de 1,70 pulgadas, monitoreo de frecuencia cardíaca, oxígeno en sangre, sueño y estrés, además de varios modos deportivos. Según la marca y el uso, la batería puede llegar a los 21 días.
Su principal ventaja es consultar la información en la muñeca: al caminar, correr o entrenar se pueden revisar la frecuencia cardíaca, la duración del ejercicio o las notificaciones sin sacar el teléfono. Algunos modelos permiten controlar la música o el clima. Un anillo no puede hacer eso porque, sencillamente, no tiene pantalla.
Curiosidad reciente del mercado: también se han popularizado pulseras sin pantalla, una opción para quienes quieren sensores avanzados sin distracciones.
El anillo apuesta por eliminar las distracciones
El concepto es distinto. Modelos como el Oura Ring 4 están diseñados para llevarse puestos prácticamente todo el tiempo y registrar información sin que el usuario interactúe con ellos. Usan sensores ópticos para frecuencia cardíaca y su variabilidad, además de sensores de temperatura y movimiento, y hacen seguimiento del sueño, la actividad y el estrés.
Al no tener pantalla, su batería es pequeña: la autonomía ronda los cinco a ocho días. Toda la información se consulta desde la aplicación móvil.
La ausencia de pantalla puede parecer una desventaja, pero es también su rasgo más interesante: no vibra con notificaciones ni invita a revisar otra pantalla cada pocos minutos. El anillo es más un conjunto de sensores que una extensión del celular.
¿Cuál es mejor para hacer ejercicio?
Aquí la balanza se inclina hacia la pulsera. La pantalla permite ver los datos en tiempo real y muchos modelos ofrecen una buena cantidad de modos deportivos. Los anillos registran actividad y algunos entrenamientos, pero no están pensados para sustituir a un reloj deportivo en una sesión exigente.
Además, los anillos tienen un problema concreto en el gimnasio: hacer pesas con uno puede resultar incómodo o incluso dañarlo con el peso de una barra o las mancuernas. Tampoco es recomendable para nadar o para actividades con agarre, como bicicleta o barras.
En resumen editorial: para caminar y monitorear la actividad diaria, el anillo puede bastar; para correr, pedalear o entrenar con objetivos, la pulsera ofrece una experiencia más completa.
¿Y para dormir?
En la cama, el anillo tiene la ventaja práctica. Su tamaño y la ausencia de pantalla lo hacen más cómodo durante la noche, y modelos como el Oura analizan frecuencia cardíaca, variabilidad, respiración, temperatura y movimiento mientras el usuario duerme.
Las pulseras también hacen seguimiento del sueño y algunas ofrecen análisis completos, pero llevar un dispositivo en la muñeca toda la noche no es cómodo. Más que decidir cuál formato es más preciso, la recomendación es elegir el que no moleste y pueda usarse a diario.
El precio puede definir la decisión
En Colombia, una buena banda inteligente se encuentra desde unos $170.000 o $200.000, según la marca y las promociones. En ese rango ya hay dispositivos con pantalla AMOLED, seguimiento del sueño, frecuencia cardíaca, varios modos deportivos y días de autonomía.
Los anillos parten de precios bastante más altos: el Oura Ring 4 cuesta desde 349 dólares en Estados Unidos y sus funciones avanzadas requieren, además, una suscripción. La diferencia de precio es considerable desde el arranque.
Ojo con los costos ocultos: en algunos casos hay que sumar el valor de la aplicación y de las funciones premium durante años. Algunas pulseras, como las Fitbit de Google, cobran unos 9,99 dólares al mes por funciones avanzadas a través de la app.
Entonces, ¿pulsera o anillo?
Si la prioridad es entrenar, consultar datos en tiempo real y recibir notificaciones, la pulsera tiene más sentido, con modelos económicos y de larga autonomía. Si se busca un seguimiento continuo del sueño y del bienestar sin otra pantalla encima, el anillo es más adecuado.
Y existe una tercera vía para quienes tienen más presupuesto: usar los dos. No porque uno sea mejor que el otro, sino porque cumplen funciones distintas: el anillo a cargo del monitoreo continuo, especialmente de noche, y la pulsera durante el entrenamiento y para consultas rápidas.