Los combates entre el gobierno de Yemen, respaldado por Arabia Saudita, y los hutíes, apoyados por Irán, volvieron a poner al país al borde del abismo. La semana pasada, muchos civiles volvieron a correr por sus vidas. “Salimos con la ropa que llevábamos puesta”, contaron algunos.
La escalada ocurre en un escenario que ya era crítico. Al menos la mitad de la población padece hambre, millones de niños no están vacunados y un brote de sarampión se está propagando por varias regiones.
El pueblo yemení ha sobrevivido a los ultrajes de una guerra civil de más de una década, pero la nueva ofensiva vuelve a llevar la violencia a las calles y a empujar a las familias a dejar atrás sus hogares sin tiempo para empacar.
Mientras los combates continúan, las organizaciones humanitarias enfrentan uno de los panoramas más difíciles del mundo: una población agotada, un sistema de salud al borde del colapso y una crisis alimentaria que no da tregua.