Comprar ropa, accesorios y otros productos baratos en Temu y Shein se volvió un hábito para muchos colombianos y, también, el origen de un pulso regulatorio: su crecimiento abrió una discusión entre la industria de la moda, el comercio electrónico y el Gobierno sobre las reglas con las que estas plataformas compiten en el país, en particular por el tratamiento tributario de los pequeños envíos internacionales.
El debate tomó fuerza en Nextech by Colombiatex, la nueva plataforma de Inexmoda que busca conectar tecnología y moda, que esta semana reúne a empresas, proveedores tecnológicos y representantes de la cadena en Plaza Mayor, Medellín. La feria cuenta con cerca de 100 expositores y espera alrededor de 5.000 compradores y visitantes especializados.
La figura aduanera que está en el centro
La clave del debate es el régimen conocido como minimis, un mecanismo que da un tratamiento aduanero simplificado a los envíos de bajo valor. En Colombia, los paquetes que llegan por tráfico postal o envíos urgentes, con un valor FOB de hasta 200 dólares, no pagan gravamen arancelario cuando cumplen las condiciones de la regulación.
El IVA funciona de manera distinta: que un paquete valga menos de 200 dólares no lo libera automáticamente del impuesto, pues la exclusión depende del origen de la mercancía y de las reglas de los acuerdos comerciales. Ahí aparece uno de los puntos delicados, porque parte de lo que venden Temu y Shein se fabrica en Asia y puede pasar por centros de distribución en Estados Unidos antes de llegar al consumidor colombiano.
El reclamo del comercio electrónico
Para María Fernanda Quiñones, presidenta ejecutiva de la Cámara Colombiana de Comercio Electrónico (CCCE), el asunto central es el IVA. Su planteamiento no busca cerrar el mercado ni impedir que los colombianos compren en estas plataformas, sino evitar que mercancías fabricadas en Asia reciban un tratamiento tributario diferente al que enfrentan las empresas que producen o importan para vender en Colombia.
La dirigente ha cuestionado, además, la interpretación del Tratado de Libre Comercio entre Colombia y Estados Unidos: cuando mercancías que no fueron fabricadas en ese país pasan por él antes de llegar a Colombia, pueden terminar recibiendo un tratamiento asociado a los envíos procedentes del mercado estadounidense.
La propuesta de la CCCE apunta a un principio sencillo: el IVA debe cobrarse de la misma forma sin importar si la compra se hace en una tienda física, en una plataforma colombiana o en una plataforma internacional. según señaló Quiñones, el ajuste podría hacerse mediante una interpretación administrativa del Ministerio de Comercio, sin necesidad de crear una nueva ley.
Cerca de 100.000 paquetes al día
El volumen es uno de los argumentos que más preocupa al sector: durante el encuentro se habló de unos 100.000 envíos diarios de Temu hacia Colombia, lo que representa millones de paquetes al mes. Sebastián Díez, presidente ejecutivo de Inexmoda, señaló que el fenómeno alcanzó una escala que obliga a revisar las reglas.
Desde el sistema moda, los empresarios plantean revisar el tratamiento de los pequeños envíos, controlar con mayor rigor el origen de las mercancías y fijar condiciones parecidas en materia de sostenibilidad y trazabilidad. Su razonamiento: una empresa colombiana que fabrica una prenda asume costos laborales, tributarios, logísticos y ambientales, y el problema aparece cuando una figura pensada para facilitar envíos pequeños funciona a gran escala.
La solicitud, aclaran, no busca sacar a Temu o Shein del mercado, sino que las condiciones de competencia sean comparables.
La otra vía: producir mejor
Inexmoda creó Nextech, precisamente, para acercar al sistema moda herramientas como inteligencia artificial, automatización, software y analítica de datos. La lectura del encuentro es que el sector colombiano no puede depender solo de medidas tributarias: necesita también producir de manera más eficiente, conocer a sus consumidores y responder con rapidez a los cambios del mercado.
Temu y Shein no inventaron el comercio electrónico, pero su crecimiento obliga a revisar reglas diseñadas para otro escenario. La discusión, por ahora, no trata de si estas plataformas deben desaparecer, sino de cómo lograr que una empresa colombiana, un comercio electrónico local y un jugador internacional compitan con condiciones tributarias comparables, mientras los consumidores conservan el acceso a las nuevas opciones del comercio digital.