El Servicio Geológico Colombiano (SGC) publicó nuevos datos sobre la actividad sísmica reciente en Chocó y Tolima, marcada por el sismo de magnitud 7,4 del 10 de agosto de 2026. Entre réplicas, enjambre y una secuencia en Chaparral, las dos zonas acumulan más de 2.700 sismos.
En el departamento del Chocó, la entidad detectó dos grupos de eventos. El primero son las réplicas, concentradas en los municipios de San José del Palmar, el Litoral de San Juan y Sipí, con profundidades entre 70 y 105 kilómetros. Desde el 10 de agosto se han contabilizado 330 sismos en esa zona, y el SGC precisó que "esta actividad continúa disminuyendo progresivamente en frecuencia y magnitud".
El segundo grupo es un enjambre sísmico. Freddy Tovar, coordinador de la Red Sismológica Nacional de Colombia del SGC, lo definió así: "un enjambre sísmico es una secuencia de sismos que, a diferencia de las réplicas, no tiene un evento principal a partir del cual van disminuyendo las magnitudes".
La mayoría de esos sismos se han detectado en Istmina, Medio San Juan, Sipí y el Litoral del San Juan. En total han sido más de 1.520 eventos, 30 de ellos con magnitudes iguales o superiores a 4,0.
El repunte en Chaparral, Tolima
En Chaparral (Tolima), la situación es distinta: la sismicidad ha aumentado desde el 20 de septiembre. Según el SGC, la secuencia presentó un incremento significativo en su frecuencia diaria a partir del 21 de septiembre, con 159 eventos de magnitud igual o superior a 2,0, frente a los 48 registrados el día de su inicio.
El pico llegó entre el 22 y el 23 de septiembre, cuando se alcanzó el valor máximo diario de la secuencia con 186 sismos. El 24 se mantuvo un nivel similar (180 eventos), el 25 bajó a 120 y el 26 —con corte a las 4:00 p. m.— se habían registrado 50.
En total, esa zona registra 909 sismos de magnitud 2,0 o superior, 22 de los cuales alcanzaron magnitudes de 4,0 o más.
A eso se suma lo que ha sentido la gente. Desde el 20 de septiembre, el aplicativo Sismo Sentido recibió más de 14.000 reportes sobre 442 sismos con magnitudes entre 2,0 y 4,5. Las intensidades reportadas oscilan entre 2, cuando el temblor apenas se siente, y 5, cuando se siente fuertemente. En ningún caso se informaron daños a propiedades.
¿Por qué tiembla tanto en Colombia?
El SGC recordó que Colombia es un país sísmicamente activo por la interacción entre las placas tectónicas de Nazca, Sudamericana y Caribe, lo que genera sismos en la mayor parte del territorio. En promedio se registran del orden de 2.500 sismos al mes, la mayoría imperceptibles. En los 30 años de monitoreo de la Red Sismológica Nacional se han registrado casi 300.000 eventos.
La mayor parte de la actividad se concentra en la zona del Pacífico, por la subducción de la placa de Nazca debajo de la Sudamericana —el proceso que da lugar a la fosa submarina del Pacífico y a la cadena volcánica de los Andes—, en la zona donde la placa Caribe se subduce bajo la Sudamericana y en el llamado Nido Sísmico de Bucaramanga.
Cerca de Los Santos, Santander, está precisamente ese nido, una región con una concentración inusual de actividad sísmica de manera más o menos continua. Según el SGC, allí ocurre el 60 % de los sismos de Colombia. En el mundo solo existen tres nidos de este tipo: el de Bucaramanga, el de Vrancea (Rumania) y el de Hindu Kush (Afganistán).
El exdirector del SGC Julio Fierro ya lo resumía: "hay que construir memoria y una cultura de lo que implica vivir en una zona sísmicamente activa", algo que ya existe en países como México, Chile o Japón.
¿Se puede predecir un sismo?
No. Aunque la ciencia ha avanzado en la comprensión del movimiento de las placas tectónicas y en la identificación de zonas de alto riesgo sísmico, no existe una herramienta capaz de anticipar con certeza el momento, el lugar exacto y la magnitud de un terremoto. Los procesos que desencadenan un sismo son complejos y dependen de múltiples factores que varían incluso dentro de una misma región geológica.
Las alertas de sismo que llegan a los celulares no predicen: son sistemas de alerta temprana que detectan las ondas P, las primeras señales, que viajan más rápido y suelen ser menos destructivas, y avisan antes de que lleguen las ondas S, las que realmente sacuden el suelo. Solo funcionan si hay una red de sensores cercana al epicentro y si este está lo suficientemente lejos del lugar donde se recibe la alerta, para ganar unos segundos valiosos. En algunos casos, ese margen permite protegerse, detener trenes, cerrar válvulas de gas o activar protocolos de emergencia. México, Japón y Estados Unidos han desarrollado redes avanzadas de este tipo.