Las elecciones en Brasil se desarrollan con los mercados atentos a la capacidad del próximo Gobierno para ordenar las cuentas públicas. Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro llegan a la votación con propuestas económicas opuestas, en un país cuya deuda bruta equivale al 82,5 % del PIB y cuyo gasto primario es obligatorio en un 91,7 %.
La encuesta más reciente de Datafolha registró 40 % de intención de voto para Lula y 36 % para Flávio Bolsonaro, con un margen de error de dos puntos. Para una eventual segunda vuelta, prevista para el 25 de octubre, el sondeo mostró un resultado de 47 % contra 45 %, considerado un empate técnico.
Dos propuestas fiscales enfrentadas
Lula plantea mantener el marco fiscal creado durante su Gobierno y avanzar hacia el fin de la jornada laboral 6×1, con una semana de 40 horas sin reducción salarial. Flávio Bolsonaro propone eliminar al menos diez ministerios, retomar las privatizaciones y establecer una nueva regla fiscal para reducir la deuda.
El plan opositor también contempla revocar impuestos creados o aumentados durante la gestión de Fernando Haddad en Hacienda, aunque una de sus coordinadoras económicas advirtió que esa propuesta entra en tensión con la promesa de mantener la exención del impuesto de renta para quienes ganan hasta 5.000 reales mensuales.
El presupuesto de 2027 proyecta un crecimiento de 2,5 %, pero la Institución Fiscal Independiente del Senado calcula 1,8 % y el mercado estima 1,5 %. La institución también calcula un déficit de 86.100 millones de reales, frente al superávit de 18.600 millones previsto por el Gobierno, y anticipa un posible congelamiento de 35.700 millones de reales en gasto.
Las principales propuestas de ambos candidatos requieren reformas constitucionales. Para aprobarlas se necesitan tres quintas partes de las dos cámaras: 308 de los 513 diputados y 49 de los 81 senadores. En la jornada también se renovará la Cámara y hasta 54 escaños del Senado.
El impacto para Colombia y la Amazonía
Los analistas citados consideran que el comercio entre Colombia y Brasil difícilmente sufriría un retroceso grave, debido a la continuidad de los acuerdos técnicos, comerciales y de seguridad. Las diferencias podrían aparecer en la política exterior, la lucha contra el narcotráfico, la migración y la cooperación ambiental.
La Amazonía sería uno de los principales puntos de tensión. Una eventual flexibilización de las licencias ambientales y el avance de la frontera agrícola podrían reducir el impulso político de la cooperación ambiental, mientras que ambos países mantendrían mayores posibilidades de entendimiento en control de drogas y migración irregular.
El calendario posterior a la elección incluye una reunión del Comité de Política Monetaria el 3 y 4 de noviembre, la votación del presupuesto en diciembre y la posesión del nuevo Gobierno el 5 de enero. Si se confirma una segunda vuelta, los votos de los candidatos menores serán determinantes.