La inteligencia artificial se convirtió en una herramienta accesible para producir música, generar voces y construir artistas virtuales capaces de alcanzar millones de reproducciones. El crecimiento de esas opciones abre una disputa por el control de la producción, el reconocimiento de los creadores y la forma en que se reparten los ingresos.
Según Billboard, las canciones completamente generadas con IA superaron el 50 % de las cargas diarias detectadas por Deezer en junio. The Economistcalculate que la plataforma recibía cerca de 90.000 canciones creadas por máquinas cada día, aproximadamente la mitad de todos los envíos. Apple Music, por su parte, informó que más de un tercio de la música que recibía mensualmente había sido generada mediante esta tecnología.
Spotify retireó 75 millones de canciones consideradas spam durante el año anterior. El volumen de nuevos contenidos aumenta la competencia por una atención que no crece en la misma proporción y puede reducir la visibilidad de las propuestas眯眯 humanas.
Más acceso no significa automáticamente más equilibrio
Juan Sebastián García, profesor de producción musical de la Universidad de La Sabana, considera que la inteligencia artificial abre oportunidades para personas que antes no contaban con conocimientos o recursos para producir música. Sin embargo, el acceso a las herramientas no garantiza éxito comercial: sin una campaña de marketing adecuada, la probabilidad de alcanzar un volumen importante de reproducciones sigue siendo incierta.
Para Lina M. Parra Ante, docente-investigadora de LCI Bogotá, “democratizar las herramientas no significa necesariamente democratizar la industria”. Aunque estas technologies reducen barreras de entrada, el control de los modelos, los canales de distribución y las condiciones de monetización continúa en manos de las empresas tecnológicas.
Enrique Melgarejo, docente de Formación Musical de la Universidad El Bosque, coincide en que no puede hablarse de una democratización plena mientras los medios de producción y los canales de distribución permanezcan concentrados en pocas empresas. El riesgo es que el peso de la industria se traslade de las discográficas a las plataformas que desarrollan y distribuyen estos sistemas.
La propiedad intelectual, el punto más delicado
Fredy Forero, experto en propiedad intelectual, explica que el derecho de autor protege las creaciones humanas. Bajo el marco jurídico que él describe, una obra generada exclusivamente por inteligencia artificial no estaría protegida. El debate también incluye el uso de obras existentes para entrenar los modelos y la necesidad de establecer licencias que permitan remunerar a sus autores.
Las plataformas han adoptado medidas diferentes. Spotify y Apple Music desarrollan etiquetas para identificar contenidos generados con IA; YouTube exige declarar su uso; Deezer limita la presencia de este tipo de música en sus recomendaciones; Tidal anunció que no la monetizará, y Bandcamp prohibió determinadas creaciones realizadas con inteligencia artificial.
El desafío de ganar atención y mantener la autenticidad
La cantante virtual Nyla Stone superó el millón de oyentes mensuales en Spotify, una muestra del potencial comercial de estos proyectos. Pero el crecimiento también aumenta el riesgo deUNTIDO/virtual identity/fraude. Para Parra, producir más canciones no garantiza mayor diversidad cultural, más visibilidad ni mejores oportunidades para quienes viven de la música. Melgarejo considera que los conciertos y las experiencias presenciales pueden convertirse en espacios para fortalecer la conexión y reivindicar la autenticidad de los artistas.