La segunda temporada de Medusa ya está en Netflix. La serie, rodada en el Caribe colombiano, regresa con una trama en la que los conflictos y las luchas por el poder están casi saldados: en esta nueva etapa aparecen nuevas tensiones que no solo tienen que ver con el manejo del poderoso conglomerado, sino que alcanzan a Bárbara Hidalgo y Danger Carmelo, quienes después de tantas batallas parecían tener su relación por aguas más tranquilas.
La traición como motor
“Creo que la traición en esta temporada es el motor de las relaciones. La pregunta es a quién voy a traicionar o quién me va a traicionar a mí. El enemigo puede estar en cualquier sitio: puede ser tu papá, tus hermanos, tu familia, tus amigos o tu propia pareja”, anticipa Juana Acosta, quien interpreta a Bárbara.
Para la actriz, ninguno de los protagonistas estaba preparado para lo que viene: “No estábamos preparados para todo lo que va a pasar en esta temporada, porque realmente viene cargada de mucho poder, de mucha ambición, de muchas tensiones familiares, de muchos secretos, de mucha traición”.
¿Sobrevivirá el amor?
El amor también va por caminos poco claros: en el momento más idílico y romántico de la pareja, un detonante ligado a un pasado no superado pone a prueba la relación y a cada uno como ser humano. Así lo describe Manolo Cardona: “Danger es leal a las cosas que él cree, a sus convicciones y a su amor, y se va a ver enfrentado a lo que debe ser y pasar por encima hasta incluso de su propia ética y de sus valores profesionales”.
Del lado de Bárbara, los sentimientos también se cruzan con un conflicto familiar fuerte, ahora que los Hidalgo están más divididos que nunca y Damián Hidalgo —el padre, interpretado por Diego Trujillo— se convierte en el gran enemigo. “Creo que el amor también es motor, no solamente de pareja, sino que hay unos conflictos familiares que son muy fuertes”, reflexiona Juana Acosta.
El lado oscuro de Bárbara
En esta temporada Bárbara ocupa el cargo que siempre esperó en la empresa de la familia, un lugar de poder que la obliga a tomar decisiones impopulares pero necesarias. “Su vida se va desconfigurando a medida que avanza la trama: primero está enamorada y luego por fin va a ocupar el cargo que lleva toda la vida esperando en la empresa de la familia, y eso la pone en un lugar de poder que siempre deseó”, analiza la actriz.
Al mismo tiempo, reaparece algo del pasado que había olvidado después de su accidente, lo que la mantiene perdida y preguntándose por qué vuelven esos recuerdos. “Lo bonito para mí como actriz es enfrentarme a las complejidades de esta mujer, que pasan sobre todo por reconocerse, por perdonarse y por quererse tal cual es, con lo luminoso y con lo oscuro que tiene”, dice Juana.
El conflicto con la hija adolescente
Otra línea personal es el vínculo entre Bárbara y su hija Maya, quien atraviesa una adolescencia rebelde y desafiante de todos los límites. “Tiene más que ver con el momento en que está su hija, en una adolescencia con mucha rebeldía, está desafiando la autoridad constantemente y yo tengo una hija que pasó por eso hace poco —mi hija ahora tiene 20 años— y he vivido una adolescencia complicada también”, compara la actriz.
Maya, además, no la tiene fácil: debe asimilar que su papá está en la cárcel y que su mamá se enamoró de otro hombre.
En un mar de conflictos, donde también llegan nuevos personajes con sus propias estrategias para quedarse con el poder, los protagonistas son optimistas. Juana Acosta no pierde la fe: “Creo que al final el amor es lo que triunfa, pero sin hacer spoiler”.