El resguardo indígena de Catrú, en el Alto Baudó, intenta reconstruir su vida después del terremoto del 10 de agosto, que afectó las edificaciones de cemento del poblado. Dos escuelas, un centro comunitario y dos viviendas quedaron averiados, mientras la comunidad mantiene las clases y las actividades cotidianas en espacios provisionales.
Catrú es el primer resguardo indígena al que se llega por el río Dubasa después de remontar el Baudó desde Puerto Meluk. Allí viven más de 1.300 personas de la comunidad Embera Dóbida, en un territorio donde la mayoría de las casas son de madera y están levantadas sobre palafitos.
La comunidad tampoco cuenta con acueducto, alcantarillado, sistema eléctrico permanente ni recolección de basuras. Una planta funciona con aceite quemado y permite tener luz entre las 6:00 y las 10:00 de la noche. El agua para cocinar se recoge de la lluvia y las actividades sanitarias se realizan en el río.
Una escuela en ruinas y clases reducidas
El colegio donde funcionan las instituciones Mario Chamorro y Patricio Mecha presenta columnas inclinadas, grietas, huecos, techos incompletos y bloques de concreto que todavía pueden desprenderse. Por el riesgo, nadie se atreve a ingresar ni a retirar los elementos del edificio.
Los estudiantes continúan el año con un horario reducido. Nicolás Forastero Tunai, alumno de grado once, contó que ahora recibe clases por turnos en las casas de los profesores, durante dos horas y media, cuando antes estudiaba de 6:30 de la mañana a 1:00 de la tarde.
El gobernador de la comunidad Dubasa 1, Bernildo Papelito Forastero, dijo que la población sigue alerta ante la posibilidad de nuevas sacudidas. “Estamos asustados. A las 6:00 p. m. en punto todos están en la casa”, afirmó.
Las cifras sobre estudiantes afectados varían según el reporte citado. La Gobernación del Chocó informó que 340 alumnos de la sede principal de Patricio Mecha y 23 de la sede Catrú central no tienen acceso normal a la educación. El relato también señala que varias comunidades dependían de esas instituciones.
La emergencia se suma a décadas de carencias
En el Alto Baudó, 2.289 viviendas resultaron afectadas, según los reportes mencionados en el reportaje. En todo el Chocó la cifra llegó a 33.078 y en el país a 119.752. Antes del terremoto, el departamento ya tenía un déficit de 59.000 hogares rurales sin vivienda adecuada.
El departamento también registra altos niveles de pobreza multidimensional, especialmente en las zonas rurales. A esa situación se suman los desplazamientos y confinamientos provocados por enfrentamientos entre grupos armados, que han concentrado población de otras comunidades en Catrú desde 2010.
El gobernador señaló que varias comunidades se han desplazado por temor a los combates entre el ELN y las Autodefensas Gaitanistas de Colombia. La Defensoría del Pueblo ha emitido alertas en distintos años sobre el riesgo estructural para esas poblaciones.
Transportar ayuda puede tardar ocho horas
Las ayudas deben recorrer cerca de ocho horas desde Quibdó: unas cuatro por carretera hasta Puerto Meluk y otras cuatro en panga contra la corriente por el Baudó y el Dubasa. El viaje fluvial depende de la profundidad del río, el clima y el costo de la gasolina.
En Puerto Meluk, el precio de un galón de gasolina es de 20.000 pesos, mientras que en Catrú sube a 25.000. Un viaje requiere cuatro galones, además del combustible necesario para el regreso. Estas condiciones encarecen el transporte de alimentos, materiales de construcción y asistencia humanitaria.
El plátano es una de las principales fuentes de ingreso de la zona. Los habitantes lo intercambian o lo venden para comprar alimentos y combustible, en una economía donde todavía se practica el trueque.
Materiales adaptados al territorio
En la comunidad se analiza la posibilidad de no reconstruir con cemento y ladrillo, debido a la dificultad de transportar grandes cantidades por el río. La guadua, el bambú y la madera aparecen como alternativas más cercanas a las tradiciones locales y a los materiales disponibles.
El docente Nelson Vargas Ortiz sostuvo que algunos elementos de las construcciones demolidas podrían reutilizarse. El ingeniero Juan Andrés Oviedo también planteó que la autoconstrucción puede ser una opción, siempre que cuente con diseños y capacitación para reducir los riesgos estructurales.
La reconstrucción de Catrú requiere reparar los daños del terremoto, garantizar infraestructura educativa y construir servicios públicos que la comunidad nunca ha tenido. Las soluciones, según los expertos citados, deben considerar las condiciones geográficas, culturales y económicas del resguardo.