El desbordamiento de la quebrada La Iguaná afectó el 9 de octubre a 279 familias, integradas por 680 personas, en sectores de Medellín como La Iguaná, Blanquizal, El Pesebre y Olaya Herrera. La avenida torrencial llevó agua, lodo y residuos a calles y viviendas, pero no dejó pérdidas humanas.
La emergencia también obligó a desplegar labores de limpieza. Los reportes preliminares señalaron que fueron retirados más de 600 metros cúbicos de residuos en más de 40 viajes de volqueta.
Una alerta que permitió evacuar
La quebrada La Iguaná recorre cerca de 15 kilómetros desde el sector de Boquerón, en el corregimiento de San Cristóbal, hasta zonas como Olaya Herrera y el Cerro El Volador. En sus riberas se han presentado inundaciones durante décadas, debido al crecimiento de los asentamientos y a las lluvias.
En la cuenca funcionan tres Sistemas de Alerta Temprana Comunitaria: uno en la parte media-alta, otro en la media-baja y un tercero en la zona baja. Estos equipos combinan sensores de nivel, pluviómetros, alarmas comunitarias y, en algunos puntos, cámaras de monitoreo.
Durante la emergencia, los sistemas registraron máximos históricos desde 2018. La quebrada subió 2,9 metros respecto a su nivel normal y el SIATA informó del desbordamiento a las 5:08 de la tarde.
La alerta se activó mediante una cadena de llamadas entre el SIATA, los líderes comunitarios y los organismos de gestión del riesgo. En El Pesebre, una lideresa ordenó mantener la alarma durante varios minutos, lo que permitió que los habitantes siguieran las rutas de evacuación y se dirigieran a puntos seguros.
Tecnología y participación comunitaria
Paula Andrea Palacio, directora del Área Metropolitana del Valle de Aburrá, explicó que los sistemas permiten identificar aumentos críticos en el caudal, activar alertas y facilitar decisiones rápidas de la comunidad y de las autoridades.
Según Palacio, desde la implementación de estos sistemas en 2015 no se han registrado muertes asociadas a inundaciones provocadas por eventos extremos de precipitación en las comunidades donde están activos.
Carlos Andrés Quintero Monsalve, director del Departamento Administrativo de Gestión del Riesgo de Desastres de Medellín, señaló que la ciudad trabaja en integrar inteligencia artificial al ecosistema SIRMED. La apuesta incluye modelos anticipatorios, mapas de amenaza y herramientas para analizar el comportamiento de quebradas y laderas.
El funcionario también explicó que se desarrollan llamados “gemelos digitales” del territorio, con los que se podrían simular escenarios como una creciente súbita en La Iguaná para mejorar la preparación y la respuesta.
En Medellín hay 43 sistemas de alerta temprana comunitaria y el objetivo de la administración es llegar a 50 el próximo año. En todo el Valle de Aburrá funcionan más de 79, incluidos 36 instalados entre 2024 y 2025 y otros siete implementados posteriormente.
Las autoridades insistieron en que las viviendas ubicadas en las márgenes de las quebradas permanecen expuestas a riesgo. Tras la emergencia, se realizaron 100 caracterizaciones de evacuación definitiva por colapso parcial o total en las zonas afectadas.