La escritora y promotora de lectura Ligia Urroz construyó su novela alrededor de dos hermanas que deben abandonar España y cruzar el océano rumbo a Nicaragua después de un embarazo que la sociedad convierte en motivo de condena. La historia de Josefa y Dolores aborda el abuso, el silencio, la culpa y las consecuencias del exilio.
Para ambientar la obra, Urroz realizó una investigación extensa en Madrid y consultó archivos, ensayos y estudios sobre la sociedad española del siglo XIX. También visitó el Museo del Traje y examinó elementos de la vestimenta, la educación de las mujeres, la sexualidad, la literatura, la prensa y los viajes transatlánticos.
La autora recorrió además la catedral de León, escenario relevante de la primera parte de la novela. Su intención fue conocer de manera directa los espacios y las condiciones históricas en las que se mueven los personajes, hasta el punto de dedicar semanas de investigación a una sola oración o a un párrafo.
Personajes marcados por la culpa y la fe
Cada una de las mujeres de la novela está construida a partir de una visión particular del mundo. Dolores representa el servicio, la entrega y el sacrificio; Josefa encarna la experiencia de la culpa como una marca que debe ser reconocida y, finalmente, abandonada; mientras que Genoveva está atravesada por el odio y la venganza.
Doña Lola, por su parte, enfrenta el temor a Dios, el peso de las normas sociales y la culpa de no haber podido impedir la transgresión contra su hija. El obispo también ocupa un lugar central: conoce el lenguaje religioso y lo utiliza para abusar de Josefa, señalarla como culpable y justificar que sea entregada como una prueba de fe.
Los capítulos ambientados en Castilla y León incluyen epígrafes bíblicos que anticipan su contenido. La novela utiliza esas referencias para mostrar cómo un texto religioso puede ser interpretado y acomodado a los intereses de quien tiene poder.
La culpa impuesta a las mujeres
Urroz sostiene que las mujeres han cargado históricamente con la culpa, desde el relato de Eva hasta situaciones actuales relacionadas con la maternidad, el trabajo, el cuidado de familiares, la ropa o el consumo de alcohol. En la novela, Josefa debe enfrentar precisamente una culpa que le ha sido impuesta por el abuso sufrido.
La autora también vincula esta preocupación con un caso reciente de violencia sexual contra una estudiante de la Universidad de Cornell, quien inicialmente sintió vergüenza y se culpó por haber consumido alcohol y drogas. Para Urroz, esa experiencia muestra la necesidad de insistir en que un “no” mantiene su significado sin importar el estado de sobriedad de la víctima.
El exilio atraviesa buena parte de la obra de Urroz. Sus novelas La muralla, Somoza y Por mi gran culpa exploran el dolor de abandonar la tierra de origen, las razones de la migración y las distintas formas de exilio, desde el político hasta el provocado por una vergüenza familiar.