En el Gran Resguardo Unificado Embera-Chamí del río San Juan de Mistrató, en Risaralda, un grupo de mujeres utiliza los cantos como herramienta para preservar la lengua, la memoria y las prácticas culturales de su pueblo. El proceso es liderado por Martha Caizales Tascón, presidenta de la Asociación de Mujeres Embera-Chamí, creada en septiembre de 2025.
La organización nació ante la preocupación por el desinterés de algunos jóvenes frente a la historia, los relatos tradicionales y las canciones de la comunidad. Desde mayo de 2026, sus integrantes realizan registros audiovisuales y entrevistas a artesanas, tejedoras, danzantes y mujeres dedicadas a elaborar canastos y cántaros.
Cantos que conservan historias y memoria
Las canciones de las mujeres chamís y los cantos de los jaibanás, autoridades tradicionales y guardianes de conocimientos ancestrales, abordan asuntos relacionados con el territorio, la maternidad, la crianza, la vida comunitaria, la despedida de los muertos y las celebraciones.
También funcionan como una forma de conservar la memoria colectiva. En sus letras pueden aparecer personas que vivieron en el resguardo, acontecimientos concretos y relatos transmitidos entre generaciones. Cada interpretación puede incorporar variaciones, lo que mantiene una diversidad propia dentro de esta tradición.
Los cantos tienen además una dimensión espiritual. Para el pueblo embera-chamí, los jaibanás se relacionan con los jais o espíritus, buscan conservar el equilibrio con la naturaleza y participan en procesos de sanación mediante sus conocimientos y canciones. El trabajo de la asociación también ha permitido identificar a dos mujeres jaibanás en Alto Canchivare y El Socorro.
Una lengua viva que enfrenta desafíos
La lengua chamí cuenta con cerca de 25.000 hablantes en Colombia y mantiene una presencia extendida en distintas regiones. Sin embargo, la predominancia del español en la escuela y en las relaciones con la sociedad no indígena ha reducido la transmisión de algunas historias, prácticas y saberes entre los jóvenes.
A ese cambio se suman la influencia de los celulares, las redes sociales, la música y otras formas de entretenimiento externas. Por eso, la investigadora Yaty Urquijo ha señalado la importancia de fortalecer los espacios comunitarios de encuentro y transmisión.
Con apoyo del Instituto Colombiano de Antropología e Historia, la comunidad desarrolla un diccionario vivo que reúne palabras, traducciones y elementos culturales documentados durante la investigación. Parte de estos materiales se encuentra en el Repositorio de Lenguas Nativas de Colombia, una plataforma construida junto con comunidades indígenas.
La labor de las mujeres también está ligada a la defensa del territorio. Sus testimonios recuerdan los desplazamientos de los emberas-chamís desde el alto río San Juan hacia otras zonas del país y el proceso de más de cuatro décadas que precedió al reconocimiento oficial del resguardo.
Para Martha Caizales, cantar es un saber recibido de sus abuelas y una forma de entregar memoria a los demás. Algunas canciones incluso se ofrecen como regalo al terminar una conversación o un encuentro. Así, la voz de las mujeres conecta los conocimientos de los antepasados con la vida actual de la comunidad.