Una reflexión difundida en Colombia plantea que el conocimiento del subsuelo no debería usarse con un sesgo de prohibición, sino como insumo para tomar mejores decisiones sobre minería, energía, infraestructura y agua. La tesis, en pocas palabras:* necesitamos más geología, no menos.
El texto sostiene que, en el contexto de polarización del país, identificar una falla, un acuífero o una zona susceptible a movimientos en masa suele interpretarse como una señal para impedir actividades. Para el autor de la reflexión, el planteamiento correcto es otro: conocer esas condiciones para saber cómo intervenir y pasar de la idea de «prohíbalo porque tiene riesgo» a la de «hágase de manera que se mitigue el riesgo».
Parte del razonamiento es que todas las actividades humanas generan impactos, desde construir una carretera, una represa o una ciudad hasta extraer minerales, producir energía o cultivar alimentos. Una sociedad sin impactos, advierte, significaría en la práctica una sociedad sin infraestructura ni buena parte de los bienes que se usan a diario.
Conocimiento, tecnología y regulación
En la misma línea, la reflexión destaca el papel del avance tecnológico: permite construir mejor, monitorear procesos en tiempo real, usar menos agua, reducir emisiones y conocer con mayor detalle lo que ocurre bajo la superficie. La tecnología, precisa el texto, no elimina los riesgos, pero sí hace posible gestionarlos cada vez mejor.
Por eso insiste en que cuanto mejor se conozcan los acuíferos, las fallas, los recursos minerales y el comportamiento de los suelos, mayor será la capacidad del país para decidir cómo desarrollar una actividad, qué tecnología usar y qué condiciones exigir. La información geológica, dice el argumento, debe servir para poner los datos sobre la mesa, no para arrancar discusiones con una conclusión tomada de antemano.
La mirada termina en el Servicio Geológico Colombiano, identificado como el órgano rector de la geología en el país y como el actor llamado a marcar la diferencia. Entre hacer cualquier cosa y prohibirlo todo, concluye la reflexión, existe el conocimiento geológico, la tecnología y la buena regulación, un espacio que puede hacer una «diferencia enorme para el desarrollo del país».