Las principales carreteras que conectan el Caribe colombiano llevan décadas esperando una modernización completa. La vía Barranquilla-Santa Marta, la ruta entre Barranquilla y Cartagena conocida como La Cordialidad, y la vía al mar han acumulado obras parciales, retrasos y promesas oficiales sin una solución definitiva.
Los proyectos contemplaban la ampliación de las calzadas, espacios laterales para parqueo y emergencias, sistemas de drenaje y nuevos puentes. El objetivo era convertir estas rutas en corredores modernos para facilitar el tránsito entre las capitales de la región.
La importancia de estas vías no se limita al transporte de pasajeros. Por ellas circulan miles de toneladas de mercancías que conectan los departamentos del Caribe entre sí y con el interior de Colombia. Cualquier retraso o deterioro tiene impacto sobre el comercio y la movilidad regional.
Décadas de obras parciales
El reclamo regional se ha repetido durante varios gobiernos. Gobernadores y alcaldes han pedido el inicio o la continuidad de los trabajos, mientras distintas administraciones nacionales anunciaban avances que, según la columna, terminaban reducidos a intervenciones pequeñas y discontinuas.
En la vía hacia Ciénaga se construyeron algunos puentes y en la vía al mar se habilitaron tramos y carriles. Sin embargo, el ritmo de ejecución descrito ha sido insuficiente para resolver las necesidades de conectividad de la región. Sobre La Cordialidad, el diagnóstico es aún más crítico: las intervenciones no habrían pasado de cambios superficiales.
El reclamo plantea que el Caribe necesita que sus carreteras reciban una atención acorde con el volumen de población, comercio y transporte que soportan. Las generaciones han pasado, pero las comunidades siguen esperando que las obras prometidas se conviertan en infraestructura terminada.