Una enorme llanta aeronáutica apareció entre la arena de Pozos Colorados, en Santa Marta, después de recorrer más de 17.000 kilómetros atravesando el océano. Había acumulado organismos marinos y terminó convertida en un residuo más sobre una playa del Caribe colombiano. Pero aquella llanta no terminó en la basura: la bautizaron Sofía, la llanta viajera, y alrededor de su historia se construyó una estrategia de educación ambiental que, 45 meses después, sigue generando impacto.
Lo que deja la arena
Las cifras acumuladas muestran la dimensión del problema ambiental en la costa. En estos meses se han retirado 11.475 colillas de cigarrillo, 19.600 tapas plásticas, 4.300 tapas metálicas y 3.500 anillas de aluminio, además de residuos peligrosos como jeringas y lancetas. Solo las colillas representan un promedio de más de 250 unidades recogidas cada mes. Según los cálculos del programa, retirar esas 11.475 colillas habría evitado la contaminación potencial de 114.750 litros de agua salada.
"Lo más importante no es cuántos residuos recogemos, sino cuántas personas logramos sensibilizar para que esos residuos nunca lleguen al mar", afirma Francisco José Coronado, gerente general del Estelar Hotel y Centro de Convenciones Santa Marta. Esa visión cambió la orientación de la iniciativa: cuidar el mar también implica modificar comportamientos kilómetros tierra adentro, porque una colilla arrojada en una calle puede desplazarse con las lluvias a través de alcantarillas, canales y ríos hasta alcanzar el océano.
De residuo a herramienta educativa
Sofía terminó siendo la mejor manera de explicar el problema ambiental a los más jóvenes. Su historia fue transformada, con participación del SENA y Sennova, en una publicación de 46 páginas y después en un relato ilustrado, un cómic y hasta una canción. Los niños se convirtieron en una pieza central de la estrategia: los sábados participan en actividades como "Encuentra el tesoro", donde recorren la playa identificando residuos mientras aprenden sobre contaminación y conservación.
La apuesta también llegó a la economía circular. En una campaña reciente se recuperaron 29 kilogramos de tapas plásticas que serán transformadas para su reutilización. De la experiencia también surgió un prototipo artesanal para facilitar las labores de limpieza, y el siguiente reto es conseguir inversión para perfeccionarlo y ponerlo al alcance de otros sectores de la ciudad.
Un modelo que busca expandirse
La intención es que el modelo supere los límites del hotel. Ya se han realizado actividades en otros puntos de Santa Marta, como la playa de Los Cocos, y se busca vincular a más hoteles, empresas, instituciones educativas, autoridades y voluntarios. "La intención es que la experiencia no permanezca encerrada en los límites del hotel", señala Coronado. El desafío cobra especial relevancia en una ciudad cuya economía turística depende directamente del estado de sus playas y ecosistemas costeros.