La imagen internacional de República Dominicana se asocia con playas de arena blanca y destinos como Punta Cana. Pero al norte, en la región del Cibao, el paisaje cambia: montañas verdes, zonas agrícolas y ciudades donde la tradición tabacalera y la producción de ron forman parte de la identidad cultural.
Santiago de los Caballeros, la segunda ciudad más poblada del país, es la principal puerta de entrada a esta región. Desde Bogotá, una de las alternativas es volar con escala en Panamá. A poca distancia se encuentran los 27 charcos de Damajagua, un conjunto de cascadas y pozos naturales donde se pueden realizar saltos y recorrer formaciones rocosas.
La relación entre el tabaco y la isla tiene raíces anteriores a la llegada de los europeos. La palabra "tabaco" tiene origen taíno y está relacionada con la horqueta que se usaba para sostener la planta. En Tamboril, cerca de Santiago, la fábrica La Aurora opera desde 1903 y ofrece recorridos donde se observa el proceso completo de elaboración de puros: selección de hojas, secado y fermentación, una etapa que puede durar entre ocho y doce meses.
El tabaco tiene propiedades higroscópicas, lo que significa que absorbe humedad del ambiente que lo rodea, condicionando el calendario agrícola al clima caribeño. Durante 2026, las exportaciones de tabaco del país han registrado crecimiento.
La ruta cultural continúa hacia Puerto Plata, donde Brugal lleva produciendo ron desde 1888 a través de cinco generaciones de maestros roneros. El proceso de añejamiento en barricas —algunas que previamente contuvieron bourbon o jerez— se ve influenciado por las temperaturas del Caribe, que aceleran la interacción entre el líquido y la madera. Dependiendo del tipo de barrica, el ron adquiere notas de vainilla, caramelo, especias y roble.
Recorrer Santiago y Puerto Plata permite conocer una dimensión de la isla que va más allá de sus playas. En sus fábricas, montañas y comunidades, el tabaco y el ron son dos hilos conductores de una historia productiva y cultural que sigue viva.