El Banco de la República decidió mantener en 12,25% la tasa de interés de política, una postura dividida: cuatro directores votaron por no moverla y tres pidieron un incremento de 25 puntos básicos, según las minutas de la reunión publicadas por el emisor.
Un punto central del debate fue la inflación. La anual de septiembre repuntó levemente y se ubicó en 6,3%, aunque por debajo de lo que esperaba el mercado — todavía lejos de la meta del 3%. La expectativa de inflación de los analistas para diciembre subió a 6,9%, mientras que para un horizonte de dos años se mantiene alrededor de 4,0%. En tanto, las expectativas implícitas en el mercado de deuda pública aumentaron en el corto plazo y continúan alejadas de la meta en todos los horizontes.
La mayoría de la Junta también revisó el ritmo de la economía. Según el ente emisor, el crecimiento anual habría disminuido en el tercer trimestre frente al trimestre anterior, como lo sugieren los indicadores de demanda interna: menor crecimiento del consumo, tanto privado como público, un bajo desempeño del ISE de agosto y de las encuestas de industria manufacturera.
Los directores que votaron por mantener la tasa defendieron la pausa. Argumentaron que el menor ritmo de crecimiento de la inflación anual y el descenso de la inflación básica sin alimentos ni regulados podrían estar señalando el inicio de una reducción de los excesos de demanda. Consideraron prudente esperar más información para verificar si ese proceso se consolida y evaluar con mayor precisión el efecto de El Niño sobre los precios de alimentos y regulados, evitando un “costoso sobreajuste” de la política monetaria.
Los tres directores disidentes, en cambio, marcaron distancia. Consideraron urgente recuperar la credibilidad de la meta de inflación, debilitada tras un período prolongado de incumplimiento, e insistieron en que la inflación de 2027 no debe exceder el ya elevado pronóstico del equipo técnico de 4,8%. Para converger a la meta en 2028 y reanclar las expectativas, advirtieron, se requiere un esfuerzo monetario adicional mientras persistan condiciones de exceso de demanda.
La decisión deja el costo del dinero colombiano en su nivel más estricto y da una muestra del borrador interno: si la modificación de la inflación avanza, la Junta podría discutir rebajas; si El Niño presiona los precios, el debate por una nueva alza volverá a la mesa con la misma fuerza que mostró la votación.