Brasil creó 165.827 empleos formales en agosto, según los datos gubernamentales publicados el martes. La cifra superó todas las previsiones recogidas en una encuesta de analistas, cuya estimación media apuntaba a 106.900 nuevos puestos.
Los sectores de servicios y construcción concentraron la mayor parte de las contrataciones. El resultado representa un dato favorable para el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien afronta la primera vuelta de las elecciones el próximo 4 de octubre.
El mercado laboral brasileño se ha mantenido sólido pese a la desaceleración de la economía. El bajo desempleo y la estabilidad de los salarios ofrecen un escenario positivo para el Gobierno, aunque otros indicadores muestran mayores dificultades.
El crecimiento está perdiendo impulso y la inflación se aceleró más de lo esperado a comienzos de septiembre. Esta combinación complica el esfuerzo oficial por convencer a los votantes de que sus finanzas están mejorando, mientras los hogares enfrentan altos costos de los préstamos y el aumento de los precios del petróleo.
El empleo y las decisiones del Banco Central
Las señales contrapuestas también influyen en la política monetaria. El Banco Central, dirigido por Gabriel Galípolo, recortó la tasa Selic por quinta reunión consecutiva en septiembre, hasta el 13,75%, pero evitó anticipar el rumbo de sus próximas decisiones.
La autoridad monetaria reiteró que el ritmo y la magnitud de cualquier nueva flexibilización dependerán de los datos económicos que se conozcan.
Las elecciones añaden otra variable para los mercados. La contienda enfrenta a Lula con el candidato conservador Flávio Bolsonaro, mientras los inversores siguen tanto el resultado como la reacción del real brasileño.
Una caída fuerte de la moneda después de los comicios podría reducir el margen del Banco Central para continuar bajando las tasas. Una reacción moderada, en cambio, podría facilitar nuevas medidas de flexibilización monetaria.