Gremios, empresarios y expertos del sector económico coinciden en que Colombia sigue siendo un país atractivo para la inversión extranjera, pero necesitará correctivos en seguridad, tributación y reglas de juego para recuperar la confianza de quienes deciden dónde invertir. El reto queda planteado para el gobierno de Abelardo De La Espriella, que asume con la seguridad como prioridad declarada y con la promesa de aliviar la carga tributaria.
El diagnóstico parte de una cifra contundente: la inversión total en Colombia cayó al 16 % del PIB, el nivel más bajo desde 1970. La inversión extranjera siguió una tendencia similar al bajar a 14,1 % del PIB en 2025 y a 12,3 % del PIB en el primer semestre de 2026, según los indicadores que citan los consultados.
Seguridad, el primer eslabón
El pedido más repetido es la seguridad, tanto física como jurídica. Varios líderes sostienen que sin seguridad en los territorios y en las ciudades ninguna estrategia de atracción de capital se sostiene, y recuerdan que hay regiones donde sacar la producción —como el café de Nariño o del Cauca— exige caravanas escoltadas por el Ejército. La extorsión, dicen, se convirtió en un impuesto silencioso dentro del proceso productivo.
La seguridad jurídica aparece en el mismo nivel. Los consultados piden reglas claras, estables y predecibles, que no dependan del gobierno de turno. “Es muy difícil comprometer capital a 30 años cuando las reglas del juego duran cuatro”, plantea una de las voces, en referencia a proyectos de exploración, producción, transporte y regasificación que maduran en horizontes de hasta tres décadas.
Impuestos y trámites, las otras barreras
El segundo reclamo es tributario. El impuesto de renta corporativo es considerado alto frente a los vecinos de la región, y a eso se suman sobretasas que, según los líderes, sacaron al país de la competencia internacional y un impuesto a los dividendos mal construido que encarece aún más la tributación. Varias voces piden darle credibilidad a las zonas francas, con su tasa de renta del 20 %, y celebrar contratos de estabilidad jurídica para las inversiones de largo plazo.
También señalan la burocracia como un freno: Colombia produce en promedio cerca de cuatro normas diarias y es el país de la región que más horas destina a trámites para operar y mantener una empresa. El llamado, resumen, es a “dejar jugar al privado”, con menos regulación y menos cargas para que florezcan los sectores con más oportunidades.
Conectividad y conocimiento productivo
En conectividad, las miradas apuntan a El Dorado. Antes de pensar en grandes obras de cemento, advierten, hay que atender las recomendaciones del estudio de IATA sobre la capacidad del aeropuerto: implementar la doble aproximación a las pistas para operaciones simultáneas, tener a punto la tecnología ILS y los radares, y optimizar los espaciamientos entre aeronaves. Y bajo ninguna circunstancia, dicen, se debe cobrar una tasa de conexión a los pasajeros en tránsito, porque destruiría el hub de Bogotá frente a competidores como Panamá.
Otras voces ponen el foco en el tipo de capital que llega. Colombia no tiene mayor problema para atraer capital financiero, afirman, pero debe concentrarse en inversiones que traigan conocimiento productivo y capacidad de producir, no solo dólares. En esa línea piden avanzar en la integración regional con Perú y Chile y dar seguridad regulatoria a sectores como los hidrocarburos, el gas y la minería, donde ven potencial en la Cordillera de los Andes si las reglas son claras y la buena minería puede diferenciarse de la extracción ilícita.
El mensaje general es que a Colombia no le faltan recursos: tiene gas, una ubicación estratégica y talento. Lo que se deterioró, insisten, es la confianza, y reconstruirla es la tarea que el nuevo Gobierno tiene por delante para convertir la oportunidad actual en inversión real.