Rusia sufrió este domingo un ataque masivo de drones ucranianos que dejó al menos tres muertos en la región de Moscú, en plena jornada final de las elecciones legislativas que el Kremlin buscaba usar para reforzar su control del poder tras cuatro años y medio de guerra en Ucrania.
La tercera y última jornada de votación estuvo precedida, a primeras horas del domingo, por un ataque con más de mil drones que alcanzó una refinería y zonas residenciales, provocando incendios. Las autoridades locales informaron del aumento del número de fallecidos a tres.
El alcalde de Moscú, Serguéi Sobianin, denunció un ataque "sin precedentes" cometido "con el objetivo de perturbar las elecciones" y afirmó que la defensa antiaérea rusa derribó más de 1.600 drones, de los cuales "450 se dirigían hacia Moscú". La refinería de la capital sufrió daños. "El enemigo no lo ha conseguido", añadió.
El presidente ucraniano Volodimir Zelenski aseguró que los ataques de Kiev "han tenido un impacto muy importante en la región de Moscú".
Un dron ucraniano también impactó contra un autobús en la región de Jersón, en el sur de Ucrania controlado por Rusia, con un saldo de dos muertos, entre ellos una empleada de la Comisión Electoral, según anunció la propia comisión.
Un voto bajo bombardeos
La votación, que renueva los 450 escaños de la Duma, la cámara baja del Parlamento, se cerró el domingo a las 18H00 GMT. Son los primeros comicios legislativos desde el inicio de la campaña militar en Ucrania en 2022 y pueden ofrecer pistas sobre la opinión pública hacia el peor conflicto en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
La victoria del partido Rusia Unida, del presidente Vladimir Putin, no está en duda: ha ganado todas las elecciones parlamentarias desde 2003 y todas las formaciones rivales respaldan sus políticas y la ofensiva en Ucrania. El único partido contrario a la guerra, el liberal Yábloko, fue excluido de la contienda hace pocas semanas por el Tribunal Supremo.
Putin instó a la ciudadanía a participar y consideró el voto una muestra de apoyo a las tropas rusas y una "respuesta conjunta a quienes quieren debilitar a Rusia".
Además de Rusia Unida, concurrieron el Partido Comunista, el nacionalista LDPR, el conservador Rusia Justa y el liberal Gente Nueva, aunque la campaña fue limitada ante sus desacuerdos de fondo y la exclusión de Yábloko. La policía detuvo el sábado a un observador de ese partido, según la formación, y uno de sus principales dirigentes fue condenado el mes pasado a 11 años de cárcel.
La oposición rusa en el exilio llamó a votar "contra el partido de Putin" en lugar de boicotear. La viuda del opositor Alexéi Navalni, Yulia Naválnaya, pidió emitir el voto de forma sincronizada al mediodía del domingo, una táctica que en las presidenciales de 2024 atrajo multitudes a las urnas. Yábloko discrepó: su presidente, Nikolái Ribakov, había declarado días antes que "¿sugieren que, una vez más, sigamos como ovejas, bailando al son que ellos tocan, y votemos por aquellos que han provocado la muerte de personas en Rusia y Ucrania?".
Miedo a una nueva movilización
Algunos rusos temen que después de las elecciones haya una movilización militar como la de 2022, cuando la llamada a 300.000 reservistas provocó el éxodo de numerosos hombres en edad militar. Putin lo niega.
Vitali Ivanov, un jubilado de 63 años, declaró haber votado "por los comunistas": "Tengo una pensión pequeña, no me da para vivir", explicó. Otra votante, Tatiana, de 71 años, defendió a Rusia Unida: "Es el partido más grande, el que más trabaja y el más productivo".
El voto se realizaba también de forma electrónica en unas treinta regiones. El sábado, la Comisión Electoral informó de un "ciberataque muy potente" y aseguró que unos saboteadores habían cortado las líneas de comunicación en el extremo oriental del país, lo que calificó como "un intento de perturbar la votación en la región".
Los adversarios políticos de Putin fueron en su mayoría empujados al exilio, y su principal opositor, Alexéi Navalni, murió en una prisión del Ártico en 2024. Los primeros resultados se esperaban inmediatamente después del cierre de las urnas.