Colombia trasladó su embajada ante Israel de Tel Aviv a Jerusalén, después de 46 años de mantener su representación diplomática en la primera ciudad. La decisión fue presentada por el gobierno de Abelardo De La Espriella como un paso para restablecer plenamente los vínculos con Israel y fortalecer la cooperación bilateral.
La apertura de la sede estuvo encabezada por el canciller Omar Bula y la embajadora colombiana en Israel, Tania Gilinski, con la participación del canciller israelí, Gideon Sa’ar. La embajada está ubicada en la calle Rabí Akiva, en el sector occidental de Jerusalén, en un espacio cuya ubicación fue gestionada con apoyo del Gobierno israelí.
“No estamos hablando solamente de la apertura de una sede diplomática, estamos abriendo una nueva puerta para que Colombia e Israel estén más cerca”, afirmó el presidente De La Espriella. Bula sostuvo que la nueva embajada representa la determinación de reanudar el diálogo, recuperar la confianza y construir una agenda con beneficios para los ciudadanos de ambos países.
Una ruptura con la posición diplomática tradicional
El traslado convierte a Colombia en el décimo país con representación diplomática permanente en Jerusalén, junto con Estados Unidos, Guatemala, Honduras, Kosovo, Papúa Nueva Guinea, Paraguay, Fiyi, Nauru y Somalilandia.
La medida también representa un giro frente a la postura adoptada por sucesivos gobiernos colombianos desde 1980. Ese año, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó la Resolución 478, que rechazó la ley israelí que proclamó a Jerusalén como capital de Israel, declaró nulas las acciones destinadas a modificar el estatus de la ciudad e instó a retirar de allí las misiones diplomáticas.
La internacionalista Sandra Borda consideró que el traslado supone reconocer a Jerusalén como capital de Israel y aceptar su soberanía sobre toda la ciudad, pese a que el estatus de Jerusalén Oriental continúa en disputa. También advirtió sobre posibles represalias comerciales y una eventual reducción de la cooperación con países árabes.
La exembajadora Arlene Tickner señaló que Colombia se distancia de las mayorías globales, de la normatividad internacional y de sus posiciones históricas frente al conflicto israelí-palestino. El consenso de buena parte de la comunidad internacional sostiene que el estatus definitivo de Jerusalén debe definirse mediante negociaciones entre israelíes y palestinos, dentro de una solución de dos Estados.
Reacciones y próximos movimientos del Gobierno
La Liga Árabe, integrada por 22 países, condenó la apertura de la embajada y calificó el traslado como una violación del derecho internacional y del estatus jurídico e histórico de Jerusalén, ciudad que describió como territorio ocupado. La organización afirmó que las medidas unilaterales pueden debilitar las posibilidades de una solución basada en dos Estados.
El Gobierno colombiano defiende la decisión como una apuesta pragmática para profundizar la cooperación con Israel, al que busca convertir en un socio estratégico en inteligencia, defensa y tecnología. La administración también ha respaldado el reconocimiento de la soberanía israelí sobre los Altos del Golán, territorio sirio ocupado por Israel.
Algunos sectores consideran que el Ejecutivo debió consultar previamente a la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores. La respuesta del Gobierno es que el presidente adoptó la decisión en ejercicio de su facultad constitucional para dirigir las relaciones internacionales.
Durante su visita oficial a Israel, el canciller Bula anunció además que Colombia se retirará del Grupo de La Haya, plataforma internacional que coordina acciones frente a las actuaciones de Israel en los territorios palestinos, especialmente en Gaza.