Los inversionistas internacionales se muestran cada vez más reacios a apostar por los bonos estadounidenses. Al mismo tiempo, gana fuerza el debate sobre el declive del poder del dólar como referencia de la economía mundial.
Otra señal del mismo fenómeno es el movimiento del oro: los gobiernos extranjeros están retirando sus reservas de metal de las bóvedas de Estados Unidos.
El distanciamiento se consolida casi dos años después del inicio del segundo mandato del presidente Donald Trump, cuando la economía mundial busca cada vez más formas de reducir su dependencia de Estados Unidos.
Entre los factores que alimentan ese recelo figuran la preocupación por una deuda de 40 billones de dólares y el uso excesivo de las sanciones económicas como herramienta de presión.