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domingo, 4 de octubre de 2026 Noticias de Colombia y el mundo.

El semillero escolar de Bahía Solano que investiga ballenas, manglares y microplásticos

Niños y jóvenes de la Institución Educativa Luis López de Mesa llevan doce años haciendo ciencia ciudadana en el Pacífico chocoano: desde clasificar la basura de sus playas hasta formarse como guías de avistamiento de ballenas jorobadas. Así funciona el Semillero Propágulos.
Escrito por Redacción Web 23 septiembre, 2026
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Costa de Bahía Solano, en el Chocó, territorio donde el Semillero Propágulos realiza sus investigaciones de ciencia ciudadana

Foto: Fotografía oficial de la Presidencia de Colombia / Wikimedia Commons

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En un colegio público de Bahía Solano, en el norte del Pacífico chocoano, la ciencia no se hace con batas blancas ni microscopios electrónicos. Se hace con cuerdas marcadas cada tres metros, transectos, cuadrantes, un hidrófono y hojas de campo. Es el trabajo cotidiano del Semillero Propágulos, el grupo de niñas, niños y jóvenes de la Institución Educativa Luis López de Mesa que lleva doce años investigando su propio territorio.

El nombre no es casual: son como los propágulos del mangle, esas semillas que flotan buscando dónde arraigar. Desde hace más de cinco años, además, su trabajo dejó de ser esporádico y se volvió una práctica sistemática, de la mano de investigaciones colaborativas guiadas desde Chile. Hoy sostiene cinco líneas de investigación: basura marina, microplásticos, manglares, ballena jorobada y tortugas marinas.

Todo empezó con la basura de las playas

El origen está en 2019. Ese año, dieciséis estudiantes salieron a las playas de Ciudad Mutis y El Almejal, en el corregimiento de El Valle, a aplicar encuestas y clasificar residuos junto a la Red Latinoamericana de Científicos de la Basura, coordinada desde la Universidad Católica del Norte, en Coquimbo, Chile. Recolectaron 455 residuos sólidos solo en Ciudad Mutis, rescataron un gaviotín (Thalasseus maximus) que apareció enredado en nylon y documentaron que el 73% de la comunidad reconoce que la basura de sus playas la genera la propia gente de la zona.

Esos datos, hoy citados por investigadores del Pacífico latinoamericano, marcaron un cambio: los estudiantes dejaron de ser espectadores del deterioro de sus ecosistemas y pasaron a generar conocimiento sobre él.

Microplásticos y manglares

En el marco de los proyectos Pacífico Vivo, junto a la Universidad Nacional de Colombia —sede Palmira—, la Fundación Socya y el Instituto de Investigaciones Ambientales del Pacífico (IIAP), el semillero investiga hoy los microplásticos en la playa Cuevita —uno de los sitios de anidación de tortugas más importantes de Suramérica—, en el manglar urbano de Ciudad Mutis y en los manglares de Mecana, con la meta de llegar próximamente a la bahía de Cupica y otras playas de la región.

Trabajan con transectos, cuadrantes y tamizados de laboratorio, y manejan ellos mismos un estereoscopio donado por Pacífico Vivo para estos muestreos. Con ese método están construyendo la primera información sistemática sobre este tipo de contaminación en una costa donde, a diferencia del Caribe colombiano, existían pocos datos.

Los manglares, de hecho, fueron su primera pasión, aunque durante años el trabajo fue intermitente. Las preguntas sobre qué sustratos favorecen la siembra de ciertas especies de mangle los llevaron a unirse al IIAP y a Codechocó en procesos de restauración de franjas de manglar en el municipio, un ecosistema que para las comunidades negras e indígenas del Pacífico es fuente de alimento, barrera contra el mar y los vientos, espacio de ecoturismo y memoria viva del territorio.

Con las ballenas jorobadas

Desde 2023, la iniciativa de turismo científico Madre Agua forma a estudiantes del semillero, y desde 2024 ese trabajo se estructuró en un programa por niveles para preparar guías de avistamiento responsable de ballenas jorobadas. Son 14 los estudiantes en formación: aprenden ecología y acústica de cetáceos, manejo de equipos de investigación y toma de datos que alimentan la base de datos de la propia empresa.

El aprendizaje no termina en el mar. Cuando no acompañan a los turistas nacionales y extranjeros que llegan cada temporada a ver a las yubartas, los estudiantes comparten con la comunidad lo que saben sobre el comportamiento de los cetáceos. Este año elaboraron su primer póster científico, que llevarán a festivales y colegios, y dos de las estudiantes preparan su proyecto de grado sobre cómo ha cambiado la presión turística sobre las ballenas a lo largo de tres temporadas. No es casual que varios ya digan en voz alta que quieren estudiar biología marina.

De noche, con las tortugas

La cuarta línea ocurre de noche, en las playas de anidación. Como aprendices de la asociación local Caguama, liderada por Eblen Pérez —una reconocida conocedora de las tortugas que se convirtió en maestra del semillero—, los estudiantes participan en monitoreos nocturnos que exigen disciplina y valentía, con el respaldo logístico de la Fundación Natura, que facilita alojamiento en la Estación Septiembre, cerca de las playas de los recorridos.

Nada de esto ocurre en solitario: detrás de cada salida de campo hay lancheros que prestan su embarcación, fundaciones que abren sus estaciones y entidades que financian talleres. La propia Institución Educativa Luis López de Mesa aporta, desde lo que puede y con recursos propios, a la logística de estas salidas, mientras directivos y docentes sostienen la continuidad del proceso desde el aula.

Doce años de ciencia ciudadana significan, también, generaciones. Por las filas de Propágulos han pasado decenas de estudiantes que hoy son profesionales o ciudadanos de a pie y que conservan la costumbre de observar su entorno con rigor. Los recursos siguen siendo escasos, pero el semillero saca el máximo provecho a lo que tiene: unos ecosistemas marino-costeros que funcionan como aulas vivas y que, desde Bahía Solano, le muestran al resto del país que la ciencia también germina donde alguien decide dejarla arraigar.

Resumen de la noticia

Un grupo de escolares de la Institución Educativa Luis López de Mesa, en Bahía Solano, Chocó, lleva doce años haciendo ciencia ciudadana en su territorio. El Semillero Propágulos investiga basura marina, microplásticos, manglares, ballenas jorobadas y tortugas marinas junto a redes científicas nacionales e internacionales, como la Universidad Nacional, el IIAP y la Red Latinoamericana de Científicos de la Basura. Lo que empezó en 2019 con una jornada de clasificación de residuos en las playas se convirtió en un programa permanente que forma guías de turismo científico y genera los primeros datos sistemáticos de contaminación en esa zona del Pacífico.

En pocas palabras

  • 12 años de trabajo del Semillero Propágulos en la Institución Educativa Luis López de Mesa
  • Cinco líneas de investigación: basura marina, microplásticos, manglares, ballena jorobada y tortugas marinas
  • En 2019 recolectaron 455 residuos en Ciudad Mutis y hallaron que el 73% de la basura la genera la propia comunidad
  • 14 estudiantes se forman como guías de avistamiento de ballenas con la microempresa Madre Agua

¿Por qué importa?

Muestra que la ciencia puede hacerse desde un colegio público con recursos limitados, y sus datos llenan un vacío real: en esa costa del Pacífico casi no existía información sistemática sobre contaminación marina.

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