Los festivales y conciertos se han convertido en un motor económico: dejan ingresos millonarios a las ciudades y generan miles de empleos, además del gasto de quienes acuden a los grandes eventos de entretenimiento.
La actividad de esa industria deja más de 55.000 empleos y $2.300 millones en contribuciones parafiscales.
El atractivo de estos eventos alcanza a nacionales y extranjeros, y la derrama también llega al emprendimiento y a la gastronomía local, que se activan alrededor de las grandes fechas.
Bogotá se presenta como epicentro de la música latinoamericana, en una industria que sigue creciendo.
Ese modelo combina negocio y sostenibilidad: la quinta edición del Festival Cordillera, programada en Bogotá para este septiembre, operará sus zonas VIP con energía solar y baterías durante las dos jornadas del evento.