El costo de vida en Colombia sigue apretando el bolsillo: el Índice de Precios al Consumidor (IPC) subió 0,37 % en septiembre, por debajo del 0,40 % que esperaban los mercados, pero por encima del 0,32 % del mismo mes de 2025, la mayor lectura para un septiembre desde 2023. Con ese resultado, la inflación anual quedó en 6,29 %, por encima de la de iguales periodos del año anterior. El alza del salario mínimo de 23 % decidida por el gobierno pasado, la variabilidad del clima y factores internacionales como el conflicto en Oriente Medio vienen erosionando el poder de compra: los colombianos pueden comprar menos productos y optan por marcas más baratas o espacian sus compras.
Para Felipe Campos, gerente de Estrategia de Alianza, es positivo que la cifra fuera mejor a la esperada, porque indicaría que el país no vive una inflación desbordada en todos los frentes. “Pero, al mismo tiempo, es una cifra que mantiene viva la preocupación del Banco de la República”, señaló. Los alimentos, que durante un tiempo ayudaron a contener la inflación, recuperaron protagonismo: sus precios suben en promedio cerca del 7 %, pese a que El Niño aún no llega a su punto más fuerte. Según Campos, el fenómeno climático podría llevar la inflación de alimentos a dos dígitos y con ella la total a 7 % al final de 2026. “Probablemente sería un choque temporal, pero el problema es que en Colombia esos choques no desaparecen tan rápido”.
La papa, de nuevo al frente de la canasta
La papa volvió a ser el producto que más subió en el último año: 78,24 % entre septiembre de 2025 y el mismo mes de 2026. Luis Ernesto Gómez, cultivador de la sabana de Bogotá, atribuye el alza a un ajuste tras una caída de precios que hacía inviable la cosecha. “Hace un año, por esta época, estábamos vendiendo la carga (100 kilos) a 60.000 pesos, con un costo de producción por carga de entre 160.000 y 150.000 pesos. Eso no daba y era mejor dejar la papa enterrada. Como resultado, se sembraron menos hectáreas y, al bajar la oferta, subieron los precios”.
Hoy la carga de papa se vende en Corabastos entre 290.000 y 300.000 pesos. Gómez cree que los precios podrían seguir subiendo uno o dos meses, mientras salen las nuevas cosechas, aunque el clima influirá en el resultado: en Nariño, Antioquia y Santander no llueve desde hace tres meses y Nariño aporta el 25 % de la oferta nacional. En Cundinamarca y Boyacá, los otros grandes productores, hay municipios afectados por sequía y otros que aún registran lluvias, lo que ha contenido el alza. Para los agricultores, el precio actual apenas permite recuperar parte de lo perdido en 2025.
Viajar, basuras y cuotas, fuera de la comida
De los 188 productos con los que el Dane mide la canasta familiar, 68 han subido más que el promedio. El top 10 de mayor carestía es mayoritariamente de alimentos, pero incluye tres ítems que no son comida: los tiquetes aéreos —el producto con mayor inflación en septiembre—, el servicio de recogida de basuras y las cuotas de administración de propiedades horizontales.
En el caso de los tiquetes, el sector aéreo señala que el problema es global. “Los tiquetes suben por el incremento del combustible a raíz del conflicto en Irán. En 2026, los precios del jet fuel han alcanzado máximos históricos entre 130 y 209 dólares por barril, frente a los 90 dólares registrados en 2025. Esto es especialmente crítico si se tiene en cuenta que el combustible representa entre 30 y 40 por ciento de la estructura de costos de una aerolínea”, afirmó Miguel Meza, CFO de Latam Airlines Colombia.
Algunos expertos señalan, además, que el encarecimiento del combustible llevó a la quiebra a aerolíneas como Spirit Airlines, que cerró operaciones en mayo de este año. Desde otra aerolínea global añaden que en Colombia pesan también el impuesto al carbono y las condiciones de importación y abastecimiento del Jet A1, el combustible aéreo que se usa en el país.
Meza aclaró que toda la industria aérea nacional ha subido sus tarifas, aunque por debajo del promedio regional, gracias a la apreciación del peso y a contratos de cobertura que amortiguan el efecto. “Al ser Colombia un mercado altamente competido, los operadores aéreos han mantenido promociones y han absorbido parte del costo para minimizar el impacto en los pasajeros”, aseguró.
Las cuotas de administración y el aseo responden a otro vector: el salario mínimo. Mauricio Rodríguez, presidente de la Federación Colombiana de la Propiedad Horizontal, explica que la mayoría de los servicios que contrata una copropiedad —aseo, jardinería, mantenimiento y vigilancia— están atados al salario mínimo y también sintieron los costos que trajo la reforma laboral. A ello se suma el aumento de las tarifas de energía eléctrica para operar zonas comunes como ascensores, motobombas e iluminación.
El pronóstico para 2026
Diego Camacho, economista sénior de Credicorp Capital, señala que los impactos inflacionarios de los aumentos del salario mínimo comenzaron con fuerza desde el gobierno de Iván Duque, cuando se definieron alzas antitécnicas. Pronostica que 2026 cerrará con una inflación de 7 %, impulsada por el impacto de El Niño en los alimentos, mientras los efectos del dólar barato se sentirán cada vez menos: las empresas corregir más rápido cuando la divisa sube que cuando baja. Lo positivo, dice, es que la inflación de septiembre no sorprendió al mercado, lo que ayudaría a mantener estables las expectativas a 12 y 24 meses y daría tranquilidad al Banco de la República al decidir sobre tasas de interés.