Este 10 de octubre se commemora el Día Mundial de la Salud Mental, established por la OMS para recordar que cuidar la mente es tan importante como cuidar el cuerpo. La Organización Mundial de la Salud estima que más de mil millones de personas viven con algún trastorno mental, entre ellos ansiedad y depresión, condiciones que afectan directamente su calidad de vida.
El bienestar emocional, sin embargo, no se construye únicamente en una consulta: también se forma a diario con hábitos pequeños y sostenidos. Dormir bien, moverse, hacer pausas y reconocer cuándo el cuerpo pide un descanso suman efectos reales sobre el estado de ánimo y la capacidad de manejar el estrés.
El descanso, el hábito más ignorado
Dormir mal no solo cansa: investigaciones de la Facultad de Ciencias de la UNAM indican que la falta de sueño altera el estado de ánimo, aumenta los síntomas depresivos y eleva el riesgo de enfermedades cardiovasculares, metabólicas y neurológicas.
El problema amplio es que muchas personas no saben exactamente cómo están durmiendo: creen descansar suficiente por cumplir horas, sin notar si su sueño es fragmentado o poco reparador. Identificar los propios patrones de descanso es el primer paso para cambiarlos.
Ejercicio y respiración
El movimiento físico también tiene evidencia sólida a su favor. No hace falta una rutina exigente: caminar después del trabajo, subir escaleras o hacer una pausa activa ya producen efectos sobre el estado de ánimo. El sedentarismo prolongado, en cambio, acumula tensión física y emocional.
Otra herramienta cotidiana es la respiración consciente: unos minutos de respiración guiada activan el sistema nervioso parasimpático, el que frena la respuesta de alerta del cuerpo, y ayudan a volver al presente cuando la mente se dispersa en preocupaciones.
Tecnología como apoyo, no como reemplazo
Los dispositivos wearables, como los relojes inteligentes, suman funciones que pueden acompañar estos hábitos: seguimiento del sueño, medición de la frecuencia cardiaca, detección de momentos de estrés elevado y ejercicios de respiración guiada. Algunos además registran emociones a lo largo del día, lo que permite identificar patrones: a qué hora se siente más tensión al lector y qué actividades preceden los momentos de mayor bienestar.
La clave está en entender para qué sirve esa información, no en perseguir métricas perfectas ni obsesionarse con los datos: usarlos como punto de partida para el autoconocimiento o para saber si conviene ajustar un hábito o consultar con un profesional.
Tres momentos cotidianos para aprovechar esa información: al comienzo de la jornada, para revisar cómo se descansó y ajustar expectativas; en medio de un día intenso, para identificar cuándo hacer una pausa activa o respirar; y al final, para evaluar qué funcionó en la rutina.
La tecnología no reemplaza la terapia ni el autocuidado consciente. Pero puede ser un recordatorio de algo que solemos olvidar en medio de los pendientes: preguntarse cómo estamos.