Estados Unidos comenzó a enviar cientos de soldados a América Latina para realizar entrenamientos y ejercicios con fuerzas locales, como parte de una estrategia ampliada del Pentágono contra los grupos de narcotráfico. La primera fase se desarrolla en Panamá y luego contempla actividades con tropas de Colombia y Honduras.
Los primeros efectivos pertenecen a un batallón de 600 soldados de la División 10 de Montaña, con base en Fort Drum, Nueva York. Según funcionarios militares estadounidenses, las tropas se trasladarán inicialmente a una instalación de entrenamiento en la selva panameña.
Después, parte del contingente participará en el ejercicio Vanguardia del Sur, previsto para comenzar a finales de mes en Colombia. Otros grupos viajarán a Honduras para entrenar con fuerzas locales. Algunas unidades también podrían apoyar a equipos de Operaciones Especiales estadounidenses o reforzar la seguridad de sus helicópteros.
Una presencia militar que podría ampliarse
Además de los despliegues en Centroamérica y Sudamérica, varios cientos de soldados de la misma división estarían destinados a un nuevo comando para operaciones del hemisferio occidental, con sede en Miami. Las rotaciones serían temporales, aunque los funcionarios consultados señalaron que podrían convertirse en una presencia más permanente.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, creó una oficina para supervisar las actividades militares contra los carteles y autorizó inicialmente 20 millones de dólares para contratar personal y ponerla en funcionamiento. Washington también ha conformado una coalición de 19 socios regionales para combatir a esas organizaciones.
La estrategia incluye una posible ampliación de los ataques contra embarcaciones hacia operaciones en tierra. El Pentágono ha ejecutado 71 ataques en el Caribe y el Pacífico oriental, en los que, según sus propios reportes, han muerto al menos 239 personas señaladas de transportar drogas.
Preocupación por la soberanía y los civiles
Organizaciones de derechos humanos temen que una campaña militar más amplia ponga en riesgo a la población civil. Expertos también cuestionan la eficacia de eliminar a integrantes de los grupos narcotraficantes, pues sostienen que los puestos pueden ser reemplazados y que los ataques han tenido poco efecto sobre la disponibilidad de cocaína en Estados Unidos.
Juristas han advertido además que las operaciones podrían ser ilegales si atacan deliberadamente a civiles que no participan directamente en hostilidades. El riesgo aumentaría con acciones en tierra, donde una operación podría afectar carreteras, escuelas u otra infraestructura civil.
Funcionarios de Panamá, Colombia y Honduras no respondieron de inmediato a las solicitudes de comentarios mencionadas en el reporte. El Pentágono evitó pronunciarse sobre los despliegues y afirmó únicamente que busca profundizar la colaboración con aliados y mantener presión sobre las redes consideradas amenazas para el hemisferio.